domingo, 8 de marzo de 2009

3a a una Demente

Ajena locura me envuelve al no hallarte, al oír tu sonido negado y al verte en todos lados menos conmigo, tienta más mi nobleza y despertarás al león que me traga, que no se digna en morderme, que habré las fauces, y solo me pasa. Pasados son ya mis momentos premiados, solemne ritual es aceptar que de mi se han separado, entre el humo de mis sabanas me recuesto día con día, días sin sol, sin agua ni espuma nacarada.
Así, solo, mi voz que madura mientras mi bosque madura, tanto calor para mí en solitario que… mi voz quema dura y me deja mí… voz quemadura. Veo a vos que madura lejos de mí haciéndose vos quemadura en mi corazón, vos quema dura a esta para que jamás se quite, y siempre será la misma expresión.
La tesis del poder aquel que ruega por que vos no venga conmigo convence más a lo real que mi suplica a mi único testigo, presente cuando cambio a mi descanso por carbón para intentar acercarte a cada trazo. Cada recta, cada curva, cada matiz de clara a oscura. Me hace rezar por tu llamado, sea corto y frío, sincero y al final me haga amargo, me haga cebo para la tragedia en el teatro donde de mi ríe aquel que luego me ve y llora.
No seas más cruel y deja a tu amigo ser tu amante, has de mí el dueño de tus finos labios, que se desgarra la lengua con ellos y aun así los saborea, que en tu espalda intente las caricias más perfectas, que cada dedo mío reconozca tus piernas y caderas. Que encadenado al fulgor oscuro de tus ojos haga bailar tu cabello en mis manos que plante en ti la semilla de mi vida, que te haga cortar aquel que tiene raíz. Pues aunque se sustente de la grandiosa tierra siempre estará ahí plantado.
Has de mi tu psicópata favorito, que al no tener alas te lleva volando al paraíso, déjame tomarte y abrir tus ventanas, entrar a tu corazón abriendo tus puertas de par en par, tal como Moisés abrió al mar. Caminaría contigo sobre el agua y no dejaré que te toque el líquido de las lágrimas, ninguna gota, ningún metal, ningún soplo en ti será tempestad.
Cuéntame… ¿Cómo vamos en tu juego? Dime si algo he ganado, si merezco más que un lamento, si hoy puedo pensar que a tu alma entro.
Si del señor no soy apóstol pues no fui el elegido, de ti seré caballero por convicción, ingenioso hidalgo por vocación y si me abandonas trotamundos por decepción.
Pero el sol ya sale, con la noche se van mis fantasías, de mi espada y hermosa dama, lo cotidiano es cantarles despedida, recuerdo en el alba que con otro te haces dormida.
Otra vez me niegas la luz, mí querida, muy querida verduga mía.

Un Ensayo de Filosofía simple

Cuando se piensa en seducción, nuestra mente nos lleva un poco más allá de las caricias e insinuaciones del sexo opuesto; en ocasiones, la seducción proviene de la dulzura de un poema , la perfección de una nota musical y ¿Por qué, no? Del césped del Nou Camp.
Lo conocieron en el Gremio, brilló en la copa confederaciones en el 99, fue reconocido en París, y su alegre sonrisa y juego lo llevaron a Barcelona. Su repertorio de movimientos en el campo es interminable: tacos, bicicletas, rabonas, sombreros, gambetas, túneles, etc. Sólo combinando la gracia en los dos aspectos pudo hacerse del titulo del más grande espectáculo en un campo de futbol.
Ronaldinho es el perfecto ejemplo para pronunciar a la seducción como una característica necesaria en el arte y para ligarla a la virtud, en tanto que puede adquirirse al pulir la técnica. Si bien se ha tratado a la seducción como una reacción a lo sensible, y que a su vez es interpretada por el sujeto, no podemos dejar de lado que también puede ser inducida, pues si del arte, la belleza y los criterios que ésta establece, dependen la última reacción entre el sujeto y el objeto, la técnica al ser perfeccionada facilita que el artista formule aquello que quiere expresar. En obras como El beso de Rodin, La piedad de Miguel Ángel, o Los alcatraces de Rivera, destaca la perfección en los gestos, para lograr la conmoción pensada las proporciones tenían que ser precisas. No imagino que un rostro distinto en la Virgen María conmoviera del mismo modo que el de La piedad. El filósofo Kant no propondría el grado de sublime a esta consecuencia grado de sublime a esta relación subjetiva que se establece entre el sujeto y la obra que percibe.
“Camp Nou, Barcelona vs Atlético de Madrid, Ronaldinho narra su sentir al parejo que el partido corre, tiene una marca personal muy pesada y reconoce que él es la figura, todo el mundo lo mira atentamente a los pies, siguen cada uno de sus movimientos, prácticamente lo marca todo el estadio, si él es el centro de todas las miradas, sólo queda una cosa por hacer”
La sensualidad se muestra a través de la seducción, acto al que la visión judeocristiana puede catalogar como un acto de enajenación, la seducción perfecta es aquella que absorbe por completo la voluntad y atención del espectador, la misma reacción puede verse en la mirada perdida de un hombre enamorado, siguiendo el guiño coqueto de un rostro angelical, acompañado de su sonrisa; así como en las tropas de un país completo marchando convencidas del discurso del magno sofista. La seducción toma elementos selectos del sujeto de modo tal que parezcan más atractivos, incluso únicos; definitivamente es una retórica de valores en la que las cualidades positivas (las que se hacen pasar por positivas), son suficiente motivo para no ver las que no lo son. Discursos como este se pueden ver en la Biblia; por ejemplo el de la Serpiente en el Edén explicando a Eva por qué ha de coger el fruto prohibido. Pero en la cancha…
“El brasileño observa a Eto’o, su compañero la tiene más fácil, es un buen rematador y un centro preciso podría ser empujado a la red fácilmente, pero recuerda que él es el show, él es el centro de las miradas, todos saben que eso es lo que hará; voltea y mira fijamente a Eto’o, patea el balón con la pierna izquierda. Cuando se es el centro de las miradas sólo se puede hacer una cosa, hacer que vean a otra parte. ¡GOOOOOOOL!, todos los jugadores corrieron hacia a Eto’o, la gente volteó, nadie prestaba atención de que el pase no era ello, sino un tiro discreto que sorprendió a los colchoneros”
Así como en la seducción es necesario el uso del diálogo ‘planeado’ y a la vez natural, es necesario en la seducción artística el dominio de la técnica, pues sólo así la plasticidad y artificialidad se hacen pasar por naturalidad, y el mensaje no se ve forzado; se hace ver al objeto de un solo modo: del que es necesario verlo, pues su naturaleza así lo exige. Así, el propósito de hacer pasar el mensaje como la expresión necesaria del objeto, ha sido cumplido.
“Estadio Da Luz, Portugal vs Brasil. Por la banda izquierda desborda el equipo carioca, su “10” recibe un pase y se encara a uno de los mejores medios del mundo, catalogado como “galáctico” Figo es intraspasable para cualquiera que sepa de futbol, el capitán de la verdeamerela lo mira a los ojos fijamente, con la pierna derecha toca el balón para que éste se dirija a la izquierda del luso, Figo se perfila para que Ronaldinho no pueda recuperar el balón, pero en una fracción de segundos la punta del pie de Ronie jala el balón en dirección contraria, parece como si fuese una bala de cañón y su pie un poderoso imán, Ronaldinho le pasa el balón entre las piernas a Figo y se escapa dejándolo en una posición incomoda para seguirlo, inclusive humillado por el “olé” de sus compatriotas.”
La seducción vista como virtud de la expresión, nos muestra que el acto sensual es el que, utilizando recursos propios, destaca como si tuviese magia (SUGIERO: “…destaca como si fuese, per se, mágico), como cuando un suave movimiento de muñeca hace aparecer oro en el aire, o palomas y flores de un pañuelo cualquiera.
El “jogo bonito” consistía en eso, hacer que cualquiera al que le gustase el futbol tomase un balón, y lo dominara buscando nuevas variantes. Hacia ver que la magia podía ser buscada por cualquiera, porque el hacer lo imposible, era el resultado de hacer todo lo posible para sorprender.
Esta sería pues, la definición de la seducción: el cumplir el objetivo del modo más vistoso posible. La espectacularidad hecha pasar por natural. Hacer de un detalle resaltante la base para un “Movimiento mayo”, y así hacer que el otro sienta lo que queremos que sienta. La sensualidad en el guiño de la bella madonna que pasa moviendo el cabello hipnóticamente, es el detalle de gracia que agrega ella a su andar para que el espectador la deseé; y si el seductor drible brasileño logra eso y además un gol, hace de la sensualidad retórica lo que ya Maquiavelo juzgó con anterioridad: “si cumple el cometido… toda la gracia está justificada”

Las pasiones del alma y su aspecto humano

Para Santo Tomás, las pasiones son fuentes del dinamismo humano. Paradójicamente la pasión verdadera es acción. En su acepción propia es un cierto movimiento o conmoción según la alteración.Los neo-escolásticos reservan el término pasión a los movimientos del apetito sensitivo.En cuanto al número de las pasiones Aristóteles y Santo Tomás coinciden en que son once. Seis del apetito concupiscible: amor-odio, alegría o gozo-tristeza, deseo-aversión. Cinco del apetito irascible: esperanza-desesperación, audacia-temor y la ira.El amor es la pasión fundamental y la que nos hace participar activamente en la vida del otro, ayudándolo a construir su bienestar. Amar es querer el bien del amado. El origen de todas las pasiones es el amor, pues como dijo San Agustín “el amor que desea tener lo que ama, es codicia; el que le tiene ya y goza de ello, es alegría; el amor que huye de lo que le es contrario es temor y si lo que le es contrario le sucede, es tristeza.” El odio es la contrariedad que se experimenta al sentirse opuesto a otra persona y se manifiesta por un estado de hostilidad permanente frente a ella.El amor y el odio son las pasiones primitivas porque de la atracción al bien, presente o ausente como de la repulsión al mal, también presente y ausente surgen respectivamente : el gozo, el deseo, la tristeza y la aversión.La pasión del deseo es una agitación del alma que la dirige hacia el futuro y se manifiesta como un afán de conquista.Las pasiones del irascible giran en torno a su objeto que es lo arduo o difícil en vistas a lograr el bien y también respecto a su acercamiento o alejamiento de él. Así, el bien visto como arduo y estimado como alcanzable, es la esperanza. La desesperación sobreviene cuando ese bien se torna inalcanzable. El mal arduo futuro visto como invencible, engendra temor y cuando se tiende hacia él para vencerlo, genera la pasión de la audacia. El mal presente considerado como posible de vencer da lugar a la ira.Aristóteles define la ira diciendo que es el impulso acompañado de dolor, como respuesta, desagravio o reacción exteriormente manifestada hacia un desprecio que nos infieren a nosotros mismos o a un amigo.Por el contrario, en Dios el placer es la felicidad de la plena posesión de sí mismo, sumo bien, acompañada por una única, simple y suprema alegría, porque el placer consiste en la quietud más que en el movimiento. Para Aristóteles “la más grande delectación es la que proviene del ejercicio de la sabiduría “y San Agustín nos habla del “Gozo de la Verdad” o “Gaudium de veritate”.Así como el gozo o la alegría nos produce un ensanchamiento del corazón, la tristeza nos encoge el alma y en la forma del abatimiento, nos debilita la voz.El temor es un dolor o trastorno causado por la presencia de la imagen de un mal futuro. Contrario al temor es la confianza que es la sensación de la proximidad de algo que nos hace sentir seguros y alejados de todo peligro.Además de las pasiones básicas, hay otras derivadas de ellas, como ser:La codicia, que es el deseo de lo ajeno, procurando apoderarse de lo que se ansía.Los celos, que llevan a que el celoso se torture imaginando escenas que reproducen los motivos de sus celos. Son hechos reales que conforma imaginativamente con arreglo a su “yo” celoso. Todo lo que vive está coloreado por su pasión.La envidia, según Juan Luis Vives es un “encogimiento del ánimo por el bien ajeno, en lo cual hay cierta mordedura y dolor y por eso tiene parte de tristeza.”La envidia se vincula con el resentimiento y el odio ya que surge del sentimiento de impotencia que se opone a la aspiración hacia un bien por el hecho de que otro lo posee. La envidia más trágica es la que inspira una persona no por los bienes que posee, sino por lo que ella es intrínsecamente.La venganza es la pasión que enciende y multiplica la discordia, reaviva la envidia, los celos, la rivalidad, la competencia y perpetúa la lucha entre hombres, lanzándolos unos contra otros en una azarosa contienda íntima.
Las pasiones y el compuesto humano
El hombre es, dentro de la escala de los seres creados, el mediador entre aquellos cuya naturaleza es puramente espiritual -los ángeles- y los irracionales, como los animales. Así como Platón en el Banquete nos dice que la Filosofía participa de la doble condición de sus progenitores, la abundancia y la miseria, también el hombre participa de la condición que le imponen sus componentes intrínsecos: un alma inmortal y un cuerpo material. Es en razón del compuesto alma-cuerpo que el hombre está vinculado hacia abajo con sus congéneres. Con ellos tiene en común el poseer las mismas funciones vitales de nacer, crecer, alimentarse, reproducirse y morir. Sin embargo, a pesar de que la sensibilidad es común a ambos, debemos recordar que “todo en el hombre es humano”, lo que significa que el hombre está transido de su racionalidad y ella impregna de tal modo su obrar que aún aquellas funciones que comparte con los animales, las cumple al modo humano. Ora que coma, que beba o que se reproduzca, el hombre lo hace de manera distinta al animal. La unión alma-cuerpo es tan estrecha que existe una dependencia mutua y una inter-relación entre ambas, de modo que lo que sufre el alma, afecta al cuerpo y viceversa.En este punto, es abundantísimo lo que se ha estudiado y escrito en el campo de la Antropología y de la Psicología principalmente. También la Medicina, en su orientación psicosomática, procura relacionar las enfermedades con estados emocionales. Las pasiones son consideradas como causas o efectos de ciertas enfermedades.En su libro Psicología Humana, el P. L. Castellani, recordando a Aristóteles, expresa que el “hombre es un compuesto bipolar, cuyas partes están tan compenetradas que cada una de ellas es todo el hombre, aunque no totalmente.” Nos dice Ubeda Purkiss que “el hombre no es un compuesto de animalidad y racionalidad en el mismo sentido que un edificio está formado por una estructura. El hombre es una unidad única que posee una esencia única. La animalidad racional, siendo una esencia única y completa, es un principio de operación que realiza las funciones de la vida vegetativa, sensorial y racional.” Esta asunción eminente de las formas inferiores por las superiores es un corolario de la idea metafísica fundamental de la filosofía aristotélico-tomista: la idea de participación.
Todo el universo tiene una estructura jerárquica de participación y lo inferior participa, por grados del ser, del primer Ser, absoluto y perfecto, creador y ordenador, reflejando algo de su infinita riqueza.En el hombre es su naturaleza- o forma esencial humana- la que no sólo piensa y quiere, sino también la que vive, siente, se nutre, crece y cambia. En una única forma sustancial que le da vida, se encuentra lo vegetativo, lo sensitivo y lo intelectual. Ahora bien, es la forma superior la que contiene las formas inferiores, animales o sensitivas y vegetativas. Pero con una perfecta unidad. En el hombre no hay tres vidas ni tres almas, sino una vida con tres grados. La vida animal está en el hombre asumida por la humanidad y asumida perfectivamente, es decir de manera eminente.Si el hombre careciera de su materialidad corpórea no tendría pasiones, pero si careciera de alma tampoco las padecería. El animal siente hambre pero no se da cuenta del hambre. Sólo el hombre es capaz de una reflexión que le permite: pensar lo pensado, querer lo querido y sentir lo sentido.El hombre es una unidad sustancial de cuerpo y alma y hay tanta solidaridad entre estos dos componentes constitutivos de su ser que cuando el cuerpo padece, a raíz de un accidente o enfermedad, el ánimo decae; y a la inversa, los padecimientos del alma se manifiestan a través de reacciones del cuerpo.En ambos casos el alma padece “per accidens”, pero de diversa manera. Estos distintos modos provienen a raíz de que se trata de un compuesto de materia y forma.“Lo que está compuesto de materia y forma, así como obra por razón de la forma, así también padece por razón de la materia y por ello la pasión empieza a partir de la materia. Pero la pasión del que padece deriva del agente por el hecho de que la pasión es efecto de la acción”.La pasión corporal empieza en el cuerpo y tiene su término o fin en el alma en cuanto que se une al cuerpo como forma. En Cornelio Fabro leemos que las pasiones del cuerpo son todas aquellas que le hacen daño en sus funciones vitales como el hambre, la sed y las enfermedades .Santo Tomás pone el ejemplo de quien es herido en su cuerpo: su alma padece en razón de que se debilita la unión. El alma, que no puede morir, sin embargo le teme a la muerte. No teme la muerte como si ella fuese a morir, sino que teme la desaparición del compuesto por su separación del cuerpo. Esto explica el temor que sienten los moribundos.
La pasión anímica empieza por el alma en cuanto motor del cuerpo y termina en el mismo. Como ejemplo de ello señala la ira y el temor que actúan por la aprehensión y tendencia del alma, a la que sigue una transmutación del cuerpo. “Las pasiones del alma o pasiones en sentido riguroso son los movimientos de la conciencia e indican las actitudes de atracción y repulsa que el sujeto siente hacia los objetos del apetito. Aristóteles hablaba de tres pasiones principales existentes en el alma: el deseo, la ira y el miedo”.
En ambos casos- tanto en la pasión corporal como en la anímica-, el alma padece por accidente ya que la pasión no acaece al compuesto de alma y cuerpo sino por razón del cuerpo. El compuesto no padece en razón del todo, sino de una de sus partes- el cuerpo.
Ubeda Purkiss nos explica esto diciendo que el movimiento pasional afecta esencialmente, per se, al cuerpo y en razón de él al compuesto humano que es un complejo psico-fisiológico en el que existe solidaridad entre lo que acaece a sus integrantes en virtud de la unión sustancial.La psicología moderna ha profundizado en la consideración fisiológico-fenomenológica de las pasiones, lo que ha sido corroborado por la investigación científica. La aceleración o disminución del ritmo cardíaco, la vasoconstricción, la modificación de los movimientos respiratorios, etc. son algunas de las manifestaciones de las pasiones. Cuando las emociones alcanzan un cierto grado de intensidad (ira, enojo o miedo) se pueden bloquear completamente las secreciones y las contracciones de los músculos lisos del estómago y parar la digestión. El análisis de la sangre muestra la presencia de un exceso de azúcar que posibilita, mediante la acción reguladora de la adrenalina, el aumento de las energías necesarias de defensa y ataque del organismo.En sus Cuestiones Disputadas sobre la verdad, al inicio del tratamiento de la Cuestión Vigesimosexta, Sobre las pasiones del alma, Santo Tomás considera el tema del sujeto de las pasiones. ¿A quién se las atribuimos?Una acción no se la atribuye a la potencia, sino al sujeto que la realiza. Las acciones pertenecen al supuesto. Un supuesto que es un compuesto formado por un elemento material y uno formal. Santo Tomás comienza diciendo que según la acepción propia de pasión, es imposible que algo incorpóreo padezca. En consecuencia, lo que padece es el cuerpo. Y cuando decimos que la pasión pertenece al alma lo decimos en tanto y en cuanto ésta se une al cuerpo; unión que se verifica de dos maneras:
Como forma, vivificándolo.
Como motor, ejerciendo sus operaciones por el cuerpo.
De todo lo dicho, podemos destacar que las pasiones son manifestaciones propias de la naturaleza humana. Por eso, Aquel que es el Nuevo Adán, el Hombre Nuevo, la Imagen Perfecta de Dios, en cuanto Verbo encarnado, también tiene pasiones, al punto que los tres últimos artículos de la XXVI cuestión de In Veritatem, están referidos al tema de las pasiones en el alma de Cristo.Por el misterio del Verbo Encarnado, al hacerse semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, asume también la condición de hombre apasionado, de “Varón de deseos”. La lectura de los Evangelios nos muestra que Jesús pasó por el amor, el deseo y el gozo; por la ira, la angustia y el temor para culminar su obra redentora en su Pasión, que es la pasión por antonomasia.
Ahora bien, el elemento psíquico de la pasión no deja por eso de ser el primero. El deseo, el amor, la cólera, son primordialmente actos del alma, que reacciona ante una representación sensible.Esta reacción vital es registrada sincrónicamente en el cuerpo bajo la forma de un movimiento: es en él donde lo psíquico recibe la cualidad de pasión. La pasión es tomada entonces en sentido propio, en cuanto que implica movimiento, paso continuo entre dos contrarios. Así, al revés de lo que ocurre en la sensación, la intelección o el acto voluntario, el movimiento pasional se desarrolla en el tiempo, frente a su mismo objeto formal. El amor, el deseo, el odio, la aversión, etc. se desarrollan en el tiempo, se prolongan, pueden crecer o disminuir, se aproximan o alejan del término que las especifica en su movilidad vital....Este movimiento intencional de la pasión pone de manifiesto todo lo que es y tiene de imperfecto y potencial la tendencia emocional.El motor psíquico del cuerpo es movido, a su vez, por el objeto de la pasión. Este objeto es, pues, el primer motor del apetito sensitivo: es motor al mismo tiempo que término, porque el objeto amado o deseado mueve atrayendo como fin. La tendencia pasional impulsa al sujeto hacia ese fin.... El amor es la primera etapa de este movimiento; el deseo es la segunda.... Estos movimientos afectivos son como pasos del alma por los cuales avanza hasta el término amado y culmina en la quietud del gozo cuando es alcanzado.” Por eso, con razón se dice que “el alma está más en lo que ama que en lo que anima.”La evocación del objeto por el sujeto, es la condición y posibilidad de la pasión. Así, el avaro no olvida nunca su tesoro, el amante a la mujer amada, el celoso a la que cela. La potencia evocadora no solamente aviva la pasión dormida, sino que la agita y conmueve.
Conclusión
En un mundo carente de sentimientos y de afectos, no hubieran podido tener lugar las múltiples manifestaciones de la cultura.Se suele decir, equivocadamente, que las pasiones perjudican y destruyen al hombre, y por lo tanto hay que suprimirlas. En realidad, las pasiones no son ni buenas ni malas. Ellas son el motor que excita y desarrolla la actividad. Así Juan Luis Vives dice en su obra Tratado del alma que Dios infundió en el hombre las pasiones para que sirviesen a modo de acicate para estimular su alma. Sin embargo, considera que al padecerlas el espíritu originan “perturbaciones” e “impotencias” y cuando son muy violentas crean confusión mental, “ceguedades” que no permiten ver nada. Por ello aconseja que la razón juiciosa debe permanecer alerta y vigilante para impedir que las pasiones nos dominen, es decir, que no se hagan permanentes en el hombre ni se constituyan en enfermedades o vicios del alma La pasión nace de la afección íntima que nos causa un acontecimiento exterior. Son deseos permanentes que no nos abandonan ni siquiera una vez satisfechos. Por ello, las pasiones no son fugitivas o provisionales y, a veces, constituyen el drama de toda una vida. La literatura recoge casos paradigmáticos de personajes poseídos por una pasión determinada y escritores como Shakespeare, Dostoievski, Balzac, Moliere, entre muchos otros, conocieron tan a fondo la psicología humana que en sus obras retrataron admirablemente el drama de la ambición, de la codicia, del orgullo, del amor y el odio, de la alegría y la tristeza.Aunque lo natural de las pasiones es crear una inquietud sofocante, a veces se realizan en una quietud posesiva satisfecha que es la de su realización objetiva.

sábado, 7 de marzo de 2009

OMONIMO

En su debut muchos famosos artistas ocupan para su primer álbum su propio nombre, o como en el caso de Bjork apelan a este primer paso en las publicaciones (me refiero a su disco llamado "Debut"): No obstante cuando inicio hablando sobre el nombre del actual espacio de escritura sobre mis actuales reflexiones, no podria apelar antes que a otra cosa si no es a mi "debut", quizá sería más original si hablara sobre el "fin" argumentando un interés por la finalidad que aún desconosco (o al menos pretendo desconoscan los lectores) haciendo de ti presa de curiosidad. O quizá podría apelar más a una futura captura del climax pretendido que me haría quedar más como un tipo que piensa en seducción sin considerar causas y o consecuencias. Pero no, me iré por el camino antigüito de mostrar primero la puerta de la casa y no la cocina, en contraste con actuales luminarias que pretenden presumirte un espacio al cuál no podrías llegar sin conocer la fachada. Un sitio que solo reconocerías si de repente estuvieses ahí, no, te invito mejor a que veas primero la entrada.

¿Cómo podría creer no saber que decirte?, al decir esto es probable que no desconosco lo que podría decir, si no lo que quieres escuchar, pero el título utilizado aquí no más que aqueyo que me dijo mi ser más querido cuando le pedí una propuesta de título. De inmediato se pensaría que es una "picardía" el tomar lo primero mencionado como propuesta, pero esto tiene más objetivo.

En el enunciado... "no sabría que decirte" identifiqué primeramente un argumento que tiene una creencia o saber no justificado sobre otro que es negado, es decir... "se parcialmente que no sé", ¿socrático?, quizá, a mi parecer accidental, pero como todo argumento cuando se expone a hermenéutica se desgaja en búsqueda de la conciliación entre su univocidad y equivocidad, se expone su errar al mal interpretar en des contexto y a manera de "saber no definitivo" se muestra "la correcta interpretación" en el estandarte de lo que dice el texto no para el lector, no para su autor, si no por el texto mismo.

"Creer no saber" ya comienza a negar un saber en tanto que desde el inicio el único saber pretendido se deja como mera doxa que, antagónica mente cree en la existencia de una episteme, ¿Fe?, eso, o en realidad la poca o nula certeza acerca del conocimiento es lo que refuerza a la doxa en sí .

Y...¿el saberlo de qué sirve?, pues, primeramente podría decir que es parte de un breve y austero estudio del lenguaje, una pregunta típica de epistemología, o que pretendo justificar la refelexión filosófica sobre casi cualquier tema, pero lo correcto sería afirmar la negación y quedarme con el "creo no saber que decirte".

"Gracias Sonia", aunque sepa (y eso como saber justificado) que no te gusta que divague respecto a lo que me dices.

Por cierto, dejo la puerta abierta para que entren, solo limpiéis los pies.

"ahora que nos hemos visto mutuamente, si tu crees en mi, yo creeré en ti"

Lewis Carroll