sábado, 22 de mayo de 2010

Cuando el escritor se ve en una araña.

Inmerso en la lectura del filósofo trágico y pesimista de Frankfurt, una minúscula interrupción de ocho patas brinca del texto a mi mano, sus colores sobrios no me asustan ni provocan mayor movimiento que el de mis ojos. Entre que si acepto o no la vocación de la filosofía para la praxis humana, mi visitante arácnido intenta esconderse en los pliegues de mi propia camisa. ¿Es acaso una burla divina del como ella se esconde de mí en mi propia apariencia, así como tanto mediocre artista esconde su sentir en la misma expresión?
Como el cristiano que se encierra en un cajón a contar sus actos siendo que el juicio de Dios está en todas partes, más aún en sí mismo y sus pecados.
El piano del canon que escucho juguetea al par de los pasos de la araña cuando me estiro para hacerla evidente. Mi corta vista no me da para de inmediato distinguir si su cabeza es más grande que su cuerpo, o si es que ella tiene fluidez para correr de espaldas. La comparación no es menor ahora, no solo emula con su físico la pretensión de tantos pseudointelectuales al aportar más la importancia a lo que pueden capturar con la cabeza que lo que adquieren por el cuerpo, y si no fuera así, y que en realidad la masa pequeña fuera la frontal, es entonces comparativo al valor que tiene el intelectual de quedarse firme ante lo mayor. Es decir, nada. Solo corre inconsciente que al estirar mi mano ella la abordará, y como nosotros los escritores, quedará capturada más aún en esa masa enorme de la que escapamos. Si quisiera con solo cerrar mi zurda terminaría con la historia de un bicho más, haciendo de su último sentir mi pulso, ya que su estadía en mi muñeca solo permite comparar que su pulso acelerado deja detrás de él al mío en despreocupación, eso quiero pensar, ya que creo que ella tiene corazón.
Así, igual que el creativo acobardado por el tiempo y el espacio teme con el ritmo agitado ante el contrario que simplemente fluye tranquilo. Da mi huésped pasos para atrás aún sin saber que al dejaré escapar.
Así suavemente en el cajón donde dejo de leer cosas buenas por escribir necedades, tranquilamente con una mano dejo ir a la cobarde araña, ella busca las orillas que la llevan al rincón más oscuro y elevado. Y con la otra mano dejo ir la presión no menos cobarde que buscará su rincón en mi conciencia, y cuando esté solo a oscuras, solo entonces en anonimato se atreverá a salir.

Bell vs el Arcángel, Bell vs Lilith, Damián vs Arturo, ¿en qué terminará esta parte de la saga?

Episodio 32: Una tradición
Cada año era especial en este mes que inicia. La gente tiene pocas satisfacciones colectivas, y menos son aquellas que los unen en un sentimiento patriótico. Muchas veces son logros individuales los que hacen a las masas aspirar a cumplir sus sueños, pues como pueblo no solo se vuelven apáticos, si no perezosos y envidiosos. Solo una tradición les recuerda quiénes son y es a su vez eso aceptado.
Por ello se preparaban las calles aledañas con luces, se tenían en bodegas miles de adornos, hubo ensayos para las celebraciones. Y ahora, los escombros vuelan, la explanada central está siendo dañada, pues sobre ella otra épica batalla se desenvuelve.
Abraham logró un encuentro frontal, él impacta continuamente el rostro de la pequeña, sabe que no se trata de una niña si no de un ser muy poderosos y maligno. Bell se resiste y pronto rinde fruto cuando logra invocar por completo a su golem gigantesco. La serpiente labrada y adornada con jade abre sus fauces dirigiéndose la Arcángel, este se percata y logra esquivar el tremendo choque de esta con el piso, aunque solo es un roce, la serpiente se vuelve a elevar volando, Bell se eleva y desde el aire presencia la persecución que inicia.
Abraham zigzaguea entre los trozos de piedra que vuelan producto del serpenteo de la estatua, a pesar de ser de roca, pareciera que tuviera cierta flexibilidad que la ayuda a comportarse como una auténtica criatura viviente.
En la última embestida Abraham salta para aterrizar sobre la mole que tiene por cabeza y logra sujetarse, a la distancia Bell frunce el seño ante el ágil movimiento mientras observa que su animación emprende el vuelo una vez más.
Colgando el Arcángel parece ser un adorno más de la figura de piedra, con el apretón de su zurda se aferra a la cabeza de esta exponiéndose al continuo latigueo producto del vuelo, aunque entre los rebotes él logra acomodarse cual jinete. La monstruosa figura se sacude como si fuese un toro siendo domado, el continuo ajetreo es provocado por la voluntad de Bell, que flotando de cerca manipula a su títere, no obstante aunque ella controla el carácter, las reacciones son propias de la personalidad misma de la deidad representada.
La serpiente emplumada, brillante y majestuosa no era un espectáculo que todos quisieran ver, incluso los testigos valorarían el haber estado en otra parte en ese momento, en el aire ven la silueta entre la noche oscura que surca nubes y se arremolina violentamente, solo algo de luz bastaría para convertirla en una obra digna de reyes, y la apuesta por la iluminación no se hará perder en cuanto arriban a la zona tres aviones militares que la alumbran disparándole continuamente.
Los aviones vuelan en formación abierta para evadir una posible embestida aérea con mayor facilidad, la serpiente enfurecida se vuelve para atacar las naves obligándolas a romper la formación. Abraham se percata del ataque y desorientado por los cambios de puntos de gravedad y la inercia, decide evitar que los aviones salgan dañados.
Como si fueran fuegos artificiales, las luces de los misiles iluminan el cielo y a la vez hacen el movimiento de la estatua disparejo, Abraham logra estabilizarse sobre la serpiente y se prepara para destruirle.
Bell se propone no permitirlo y la dota de más fuerza, de inmediato un fulgor morado cubre las naves y los pilotos sufren de un inmenso dolor de cabeza, los controles fallan y se desploman en picada. Abraham al percatarse de ello ubica fácilmente la causa, es entonces cuando dispara unas ráfagas de luz contra Bella para evitar que continúe, con esto pierde equilibrio y resbala, quedando al borde de caer de la serpiente, los motores de los aviones se normalizan y los pilotos entienden que deben alejarse. Bell no se rinde y ordena a la serpiente a sacudirse con movimiento cíclico hasta que el Arcángel se suelta, la estatua se proyecta con las fauces abiertas sobre él y lo impacta antes que haga contacto con la punta de un monumento dedicado a Benito Juárez, Abraham solo logra protegerse con las plumas que aparecen para defenderlo, ese regalo que le dejó el anciano Fuji y que consiste en un escudo de plumas de cuervo que le protege de golpes repentinos, aunque Abraham está tirado adolorido sobre el cuarteado piso de mármol del monumento, las plumas detienen a la serpiente, además la rodean gradualmente presionando sobre ella como si se tratara de una atadura.
-Mira, esta magia reacciona con la tuya tan bien- Abraham doliéndose exclama al verse protegido, rápidamente logra levantarse y apunta a la figura que se retuerce a poca distancia de él, después de una gran grito provoca un estallido que destruye la estatua, Bell indignada frunce el seño y se perfila para lanzar luces contra Abraham.
La lucha se reanuda entre ambos, y se persiguen en los corredores de la alameda central, las ramas de los árboles se sacuden por los despliegues de poder, Abraham y Bel desde hace mucho que no se enfrentaban frontalmente. Hay dejos de odio y placer ene esta batalla, Abraham nunca perdonará que ella planeara romper el lazo que lo unía con Sonia y le permitía protegerla, en tanto Bell disfruta cada oportunidad posible para confrontar al ser que ha seguido desde hace años.
Así ambos peleadores se disputan el terreno y terminan por técnicamente flotar sobre las calles para regresar a la explanada del zócalo, a su paso se eleva el adoquinado al igual que las faldas de unas escolapias que transe untan, lo mismo pasa con los papeles de los oficinistas que salían de trabajar de los bancos, es un espectáculo aparte de lo previo con la serpiente gigante, su paso es como el de un tornado.
Al final, cerca del estandarte donde se ha colapsado la bandera nacional ellos se entre lazan para ser separados únicamente por la explosión de sus técnicas. Un brillo morado y un blanco arrojan amabas figuras a lo alto del aire.
Bell que tiene mejor dominio del movimiento en vuelo encara una vez más a Abraham.
-Pobre chicuelo, por no saber usar adecuadamente tu poder, la dejaste ir- un coqueto guiño sirve de burla para después impactar al joven elevándolo como si se tratara de un balón de Voleibol, así mismo Bell lo remata contra la cúpula de la catedral metropolitana perforándola y haciendo que Abraham se impacte contra el interior.- Dejaré de jugar.
Lanza un grueso rayo morado que sobre el desmoronado Abraham lo hunde en el piso de la iglesia. Abraham derrotado cae en el subsuelo en el que se pierde sin saber que ha llegado al templo subterráneo de dicha construcción.

Durante la época de la conquista, los españoles hicieron derribar a los indígenas su templo más importante. Con las mismas piedras y sobre el mismo sitio también los obligaron construir la majestuosa catedral que aún en día se hace de pie. No obstante la parte subterránea quedó intacta, y tras gruesas capas de piedra el recinto se conservó intacto, en el interior hay cápsulas donde en la inmediata ahora yace inconsciente ni más ni menos que el Arcángel, ese enmascarado que destruyó apenas una de las figuras donde parte del espíritu del dios descansaba, su cuerpo desvalido se encuentra recostado sobre escombros y goteras que con su agua algún tiempo más tarde logran despertarlo. Inconsciente sobre el fin de la batalla Abraham se despierta y apenas puede distinguir un camino en la oscuridad, como si lo guiase una fuera hipnótica decide levantarse y caminar hasta adentrarse al fondo de las grutas, lugar donde se encontrará con nuevas pruebas.

La semana pasada Abraham no se presentó a la escuela, Damián ha notado sospechosa la actitud de Arturo, su mejoría tana colorada en las artes marciales no solo eran anormales, sino que también su carácter pasó de lo burlón a lo competitivo con sed de reconocimiento. A diferencia de su amigo el sentimental, Damián siempre procede sin agios, solo espera un detalle para confirmar que Arturo está relacionado con aquellos quienes infectaron a Sonia y al resto de los desaparecidos. Aún sin saber lo ocurrido con Jesús, no extraña su presencia, de momento no se ha detenido a observar a los ausentes.
-Damián, me gustaría que vinieras a verme en el campo de futbol americano después del entrenamiento- Arturo explicando que no asistirá le dice a su compañero.
-Ja ja ja, ¿y si me emboscas para atacarme?- Damián repetidamente usa la misma estrategia de fingir broma lo que en verdad piensa, el sarcasmo, su característica favorita-. Además eso es muy gay.
- Ja, siempre eres tan gracioso, pero si esta vez no te encuentro, quizá no te vaya tan bien- Los ojos le brillan por un momento al joven, sin duda ahora el cinismo se le ha trepado a la cabeza y no le importa delatarse.
-Lo que vayas a hacer, de una vez- Damián sin vacilar acepta que es inminente la confrontación, con un par de movimientos se prepara para el encuentro.
-Tranquilo- con el índice señala que hay que ser pacientes-. Dije que será después, y sabes perfectamente que el objetivo es otro, pero cuando lo venza a él, entonces tú y yo tenemos una final por definir.
-¿de qué hablas?- Damián cree saber de qué habla aunque quiere oírlo de su boca.
- Abraham me venció en la semifinal, pero él tiene poderes, ahora que estaremos en las condiciones iguales, se que lo venceré, y después, mostraré que no soy yo el débil.
-Te has vuelto loco, ¿vas a usar tus poderes contra mí?, debes ir con Abraham para que te libere como lo hizo con Sonia.
-¿y volver a ser el de siempre?, no te preocupes, solo nosotros sabemos que él es el Arcángel, peor ellos creen que eres tú, dentro de poco los 3 podremos competir al parejo- sin más que decir, se difumina en sombras.
Damián entiende a la perfección el objetivo de Arturo y cree que no servirá más preocuparse, con o sin Abraham, deberá detener a Arturo.

En SPETTRO Lilith se reúne con Bell.
-Lo que hiciste no nos conviene, al Arcángel debe vencerlo el séptimo rollo, tú interfieres con los planes al hacer lo que te place, considero que ya no puedes seguir con nosotros- Lilith regañando a Bell.
-Tú no sabes ni a quien buscas, y como lo hacen no se los traerá, también he pensado que lo mejor será separarnos.
-Cállate niña tonta- Lilith se levanta para imponerse- . Yo te traje de vuelta y te regresará a donde perteneces.
-No sabes ni la mitad sobre mí, y no podrás dañarme, no me alcanzarías, no me verás ni venir.
Bell vaporiza energía y se desvanece, tras ella Lilith y comienza la persecución de espíritus en SPETTRO.
Tras ser avisada una comitiva, otras nubes se unen a perseguir a la niña, desde las oficinas, croando pasillos y hasta el exterior, hay destellos lanzados contra la nove morada, la roja es la que dirige a las verdosas, ya elevadas todas a gran distancia se formalizan las figuras de Bell así como las de Lilith y los seguidores. Así comenzará la lucha en la que Lilith mostrará su poder contra la pequeña que esconde sus verdaderas habilidades. Pues lo que la niña hizo antes contra Abraham, no es ni una muestra de lo que en verdad puede hacer.
Ambas mujeres se encaran y su choque parece en las alturas formar los inicios de una tormenta, los espectadores nos e inmutan ante un fenómeno meteorológico y solo escuchan el trueno del choque preparando sus sombrillas para la lluvia, ninguno sospecha que llovería sangre.

Abraham camina sin saber por dónde, pero es tarde cuando se percata que se ha detenido sobre el sello de Quetzalcóatl que brillando está por hablarle.

domingo, 2 de mayo de 2010

Dejando hojas en blanco

Sentado el pequeño hereje deja de lustrarse las rodillas, ya están calientes del frote aunque esa no era la intención, tras de él en la cama se queda la libreta en blanco donde se supone escribiría. ¿Qué iba a escribir?, la respuesta tan ajena es al entendimiento como lo es a la representación intuitiva. Claro el niño no solo no sabe qué significa eso, si no que lejana es la idea en donde él se haga como pensador.
Dando la espalda al papel donde debería haber letras, el chicuelo ignora por completo si las letras salen de la cultura o del alma, es más, ni siquiera contempla a estas como distintas, no solo no las contempla, aún las desconoce.
En su habitación nunca ha habido más que cosas, habrá muebles y juguetes, en ocasiones hay gente, pero siempre lo único vivo fue el mismo niño.
Quizá el amor sea una virtud innata o igual y vio al amor en alguna parte, pero él quiso saber lo que esos significaba, y deseó conocer a eso que él pudiera amar, aquello que pudiera ser objeto de sus dedicatorias y victorias, el motivo por el que pudiera ser feliz. Nunca se imaginó que tendría que escribir una carta a su gran enemigo para que le quitara esas ideas.
Son desconocidos los motivos por los que un niño pretende olvidar lo que se siente amar, es más incomprensible como lo desea aun cuando no quisiera dejar de hacerlo. ¿Será que ese olvidar sea parte de su acto de amor?
El infante nunca creyó que había alguien mayor a él que lo cuidara
Nunca rezaba el ángel de la guarda y las cruces incluso lo asustaban, la idea de alguien que se muere lentamente por el resto de la gente, lejos de hacerle tener esperanzas, l e hacían temerle a la gente, bárbaros que eran capaces de poner a alguien en madera hasta que se echaran a perder.
Pero ahora intentaba escribir una carta, de pronto no sabía si menester era el hacerla para a quienes su amor resultara ofensivo, a quienes pudieran salir lastimados o a quien le robó la posibilidad de poder hacerlo. Toda la gente decía que Dios era amor, el muchacho evidentemente comprendió su pecado. Nunca pensó en Dios, nunca creyó en él
Y aún así se atrevió a tomar su personalidad, tomó el fuego más sagrado que dejó el creador al alcance de los hombres, tan al alcance que los hombres nacían por el amor mismo, vivían en él y morían por el mismo.
El niño lo pensó ajeno, algo que debía de hacerse presente, debía adueñarse de ello para darlo y recibirlo, jamás hubo error como siempre lo ha habido. Solo lo pensó y lo hizo, más nunca agradeció. No agradeció a quienes amó ni a sí mismo por hacerlo.
Reitero que algo fue tan relevante que le hizo pensar que el amor no era lo suyo, que tampoco él era de él, y que tomarse en eso era un error.
Como nunca conoció a Dios ni se interesó en él olvidó que amar también es el gozo de hacerlo, que debía sonreír por solo poder sentirlo. Olvidó que siempre lo había hecho hasta que decidió nombrarlo así.
Los papeles se quedan en blanco y él no conoce palabras que digan el cuanto se siente tan mal, llora esgarrando son agua sus pupilas, un grito afligido se queda quieto antes de viajar, no es la primera noche y se espera nos sea la última.
Larga vida le espera de seguir deseando que todo termine, tan corto es lo que conoce que no tiene en cuenta todo lo que tiene por delante, nunca pensó que ese nunca sería un imperativo en sus deseos. Se alejó de lo que le era propio. Un hombre al final, un simple hombre que vivía en un mundo de cosas, no de gente, un lugar donde solo era él y los demás no existían, ese mundo al que ahora debe regresar pues no logró amar a amor y lo que esto implica.
Llorando como solo un niño puede, no sabe cómo escribir su profundo remordimiento, no puede gesticular palabra alguna que diga su sufrir. Se toma del cabello y se muerde sus dedos, también se inclina, pero no puede pedir perdón.
Revolcándose como cada noche con su hoja albina desconoce que el remordimiento no es por el fracasar en el acto de amar, nos e trata de dejar a un lado su descubrimiento y ya.
El verdadero remordimiento que ausente es en concepto, es por el arrepentirse de hacer lo que era inevitable, el arrepentirse del dolor que es parte de mar, pensó que sería un acto perfecto y que sobre hojuelas la miel se servía, que lograría lo imposible y solo sentiría el bien.
Pero nunca preguntó a dios sobre su angustia, ni entendió que eso que lo daña también debía ser disfrutado.
El pecado en él, eso que no lo deja ser feliz es el despreciar a la conciencia misma del sufrimiento, el niño quizá algún día madure y valore que cada desvelo es… la oportunidad de sentirse vivo, mientras, son noches de angustia, de desgarrarse si tocarse, de destruir cada intento de voluntad, noches de morir sin terminar de vivir.