domingo, 29 de octubre de 2017

Aunque albino sea tu nombre…

Aunque alvino sea tu nombre de colores tienes llena el alma, y yo siempre invoco tu nombre con la clara idea de lo pulcro e intocable olvidando lo tanto que te has dejado colorear y tanto que has coloreado. Sonriéndome entonces; estás tú, riéndome, disfrutándome, besándome, comiéndome, consolándome, sufriéndome … viviéndome. Porque en ti elegiste llevarme siendo tú pieza de mi vida y yo de la tuya.

Como dos piezas de un extraño material cuya física y metafísica no los atraen por gravedad, y se pierden y reencuentran en un plano trasatlántico, uno intercontinental y atemporal… De extraña naturaleza tan rara que está en todo, pero pocos la hacemos sentir especial. Eso o es tan común y lo raro es la sensibilidad de entender en lo lejano como parte de un hogar.

Y nos llamamos, y nos buscamos… Nos referimos en las gracias y entre sueños malos nos abrazamos. Al menos yo te busco. Cuándo dices que me extrañas ¿Susurras mi nombre o al menos tus ojos me buscan perdiéndose en el ayer? ¿O es tanto mi deseo que te mantiene a ti y tu aroma aún en mis brazos, y a tu voz en mi impaciencia por tu llegada?

Y es cierto, no puedo esperar a verte sin que mi mente me exija decretar, que apenas pueda me haga contigo en un tornado horizontal; uno que haga centellas apenas el aire nos tocara, que sea tormenta y su rastro deje inundado cuanto recinto sea testigo. Disculpa que sea tan directo, jamás lo he sido contigo, empero… ¿Qué nos podría alejar más?

No quiero pedir permiso para que vengas a mis fantasías, pues a todas has cuidado con un extraño cariño del que yo no siempre me siento merecedor. A veces creo increíble que tras mi vida enajenada y con el nombre del pasado marcado en la frente cual marca de maldito, marca de extranjero en toda tierra, marca de una bestia… Estés tú, dama con gusto delicado, sensible a tantos sabores y emociones, mencionado que te gusta que te llame.

Y miles de oraciones en el mundo van a dioses; sacrificios y dedicatorias, menciones y ovaciones. A los grandes y a los héroes, a lo consagrado y lo antaño. Y al ver en el aire tantas bendiciones, me siento bien de salir un momento de mi historia de pesares y elevar que en alguna parte hay alguien contenta con que la recuerde.

Y sí. Seré contigo atrevido, seré Tifón, seré un Kraken, Lucifer o Leviatán. Pues si alguna sabia me marcó como bestia, es parte de mi deber hacer revolución y tempestad. Te arremolinaré en mis adentros y te miraré, mientras nuestros hechos se hacen doctrinas de transversalidad, ciencia oculta que emerge para romper cualquier hermetismo y hacer de lo verdadero una antaña falacia.
Luz de luz, amor verdadero sobre amor verdadero, elegido, no asignado. De distinta naturaleza del pasado por quien fui olvidado.

Y cuando tu suspiro sea mi aliento, ¿Cómo llamaré a mi futuro cuando se el pasado?


sábado, 21 de octubre de 2017

México antes DF a… muy tarde, como las 3 de la mañana.

En realidad me siento algo acomplejado por no haber logrado escribirte en tiempo. Más que un aspecto de tiempo y forma es una vaga idea de que a mi texto lo leas con indiferencia.

Pero la idea me acompañó hasta la cama, me siguió en las sábanas y se durmió a mi lado, en esas mismas sábanas donde algún día estuviste tú haciéndome dudar si yo era parte de tus malos gustos o tus malos ratos. Pues mientras tú buscabas en mí cualquier brillo, yo veía a una buena mujer que daba caridad lejos de su tierra ideal, lejos de sus iguales y, de un modo perverso jugando en la oscuridad a que descendía al infierno a mandar. Debo aceptar que junto a ti jamás me sentí un demonio; por el contrario, aunque en tu sonrisa me haría plasmar cada pecado terminaba yo buscando la gracia. ¿Y qué decir de tus ojos? En ellos a veces lograba enfocar que veías a través de mí, y no mi interior sino todo lo que tenía atrás, mi camino, mi ¿Qué será de mí? La verdad nunca supe si tuve algo o sólo fui objeto de curiosidad, una rareza particular, un accidente que podría pasar por momento irrepetible, un gesto… Me gusta creer que hubo un momento en que me quisiste.

Disculpa, intento ser sincero. Y como seguro recuerdas eso en mí significa a veces no ser tan inteligente, hablar sobre el mundo cual es aunque esto no me convenga, es buscar abrazarte, pedirte un beso y sorprenderme mientras me lo das. Es sentir nervios mientras tomas mi mano y perdernos en los lugares que considero mi hogar pero parece que conoces mejor que yo, es estar a tu lado  y decir que no te merezco. Eso es porque descubrí que eres una guerrera, una sobreviviente de lo adverso que tiene que luchar en un mundo cruel portando un antifaz de porcelana y empuñando la más fina de las plumas, el tipo de guerrera que está en un escritorio planeando cómo presentarse porque carga con el nombre del barco, porque le importa su familia tripulante; porque es capitán, cocinera, sobrecargo y mástil, así como tanto más. Porque sabes guiar como el viento, porque iluminas como el sol, enterneces como aurora y en el crepúsculo maravillas como Venus y persigues como Marte.
Hace un momento salí de un sueño que te contaré… Ahora…

En una parte del sueño que no logro ubicar… Me encontraba con mi amigo Manuel vagando de regreso de un concierto, ya era tarde y no había transporte. Imagino que estábamos lejos porque ello me preocupaba, y de entre la multitud destaqué la presencia de Liz, ella dijo que irías a recogerla y que nos apoyaba con el viaje. Poco tiempo más tarde llegaste tú y me dejaste sentarme como tu copiloto, para este momento quienes nos acompañaban ya eran Irma y Jafet. En el camino charlaba contigo con cierto sarcasmo, me preguntabas si algo me preocupaba y yo te contaba que era cumpleaños de alguien que amaba. Pero… que en realidad no sabía si escribirle o felicitarla pues podría no importarle, entonces pusiste una cara de fastidio. Llegamos al Tren Ligero, la cual era la base donde llegabas (si, manejabas el tren) y de ahí irías a la Joya y Manuel y yo tendríamos que agarrar transporte para Xochimilco. Al despedirnos me jalaste y dijiste que si le escribiera a ella y yo pensé en hacerlo en cuanto llegara a mi casa.

Había policías que no dejaban detenerse a los peseros pero en un salto pude trepar a uno que llevaba su cartel de Xochimilco, Manuel llevaba otro rumbo así que viajé sólo, no recuerdo haber pasado por La Noria pero tenía la sensación de haberme pasado, lo que sí ocurrió fue que nos bajaron a todos y comenzamos a caminar por callejones que iban de bajada, cada vez en lugares más oscuros y ahí comencé a tener una mala sensación. Algo me hacía pensar que si seguía descendiendo no podría regresar.

Y comienza el terror…

Como a la tercera escalera descendida decidí regresar y caminar a mi casa por mi cuenta, ya conoces los pasajes de Xochimilco, algunos callejones muy estrechos que son transversales a otros iguales de angostos, para pronto: de cualquier lado te puede saltar un espanto. Así que yo procuré mantener un paso firme y veloz sin enfocar la mirada en lo que hubiera alrededor, no obstante no pude mantenerlo siempre. Pasé por un callejón que a 5 metros daba al canal: y ahí estaba ella parada, vestida de blanco con un vestido entre catrina, novia y quinceañera. Con cabello negro o azulado y extendiendo sus holanes con ambas manos, parecía que estaba parada ahí para asustar de lejos a quienes pasaran, y así mismo parecía que lo lograba. Yo apreté el paso y seguí de largo sintiendo que en cualquier momento me seguiría, sólo llevaba mi teléfono y una revista enrollada; apreté la revista y pensaba que de esta noche no pasaba.

(Pausa incómoda en la escritura: un gato vino a Seducir a la Sonajita y comenzaron los sonidos macabros)

Sin embargo, al ser este mi último momento decidí que no me entregaría tan fácil. Empuñé mi revista y regresé para encarar a la Llorona, para verle la cara, para terminar con aquello que fuera a pasar de una vez. Y corrí a ella gritando con rabia sabiendo que no había mañana, lo que no sabía era si mi golpeteo con papel la atravesaría o moriría al instante, y entonces ella huyó. Como si fuera una novia en fuga levantando su vestido y cuidando de no caerse con las zapatillas.

En un instante comencé a parpadear saliendo del sueño y teniendo por un momento control de él, como si pudiera elegir en una completa vigilia o seguir soñando, opté por lo primero y me dediqué a escribirte.

Sólo duré un momento acostado sintiendo un escalofrío, con temor de que lo que fuera a hacer fuera lo equivocado. Era como cuando subías en mí invitándome a hacer de todo y yo me quedaba sin palabras, así es mi temor y así mismo lo que me excita: frío.

Durante el día pensé que esa mirada tuya que me atravesaba estaba puesta en un mundo al que no te podía acompañar sin dar la vuelta. A veces creo que sólo nos vimos porque nos cruzamos pero… Llevábamos caminos lejanos. En mi vida seguro me seguiré topando con guerreros y gente fuerte, pero tú no buscas a un caballero sino a un General, creo que puedes tenerme en tu corazón pero tu amor camina frente a ti, camina con quien puedas admirar y desear ser como él. Puede ser un ejemplo o tu tú ideal a seguir. No sé, quizá los soldados ganan batallas y para ti sean mejores los reyes que ganan guerras.

Me entristece tu silencio ¿Sabes? Pero con el tiempo he entendido que el tuyo es valioso para ti, que tu aliento no es para gastarse y que yo no me pude levantar como tú querías. Cuando te accidentaste te llevé galletas, y no te encontré porque así lastimada te fuiste a trabajar… Lamento tanto lo que me perdí de ti pero lamentaría más que tú te perdieras algo de lo que has hecho, quizá para ti sea mediocre e irremediable el hecho que yo sólo pueda verte a lo lejos sonreír y aun así sonría por ti.
Lamento más sonar tan SAD y venir a felicitarte cuando me has mantenido al margen, y supongo que por algo será. Pero tú me dijiste que lo hiciera… Bueno tu Tú que sueño, que por lo general es muy franca y fría, que en otras veces me ha corrido y dicho que tiene novio, que cuando le he preguntado que si me quiere se asusta y hace el mismo gesto que tú cuando dices - Obvio no.

Pero igual sirva para intentar conmemorar una fecha, quizá para recordar que eres relevante y tus pequeñas acciones pueden ser la felicidad de otros. Porque para mí fuiste eso, un momento de justicia, una reconciliación con los accidentes, la ternura escasa que hubo en mi vida, la gracia sonriéndome una vez en el tiempo.

La primera mitad de mi vida fue muy oscura, y la segunda lo fue más. Al concluir creo que aún me fue peor. Mucho tiempo tuve esperanza y llegué a pensar que algún día sería digno de ser feliz, hoy creo que eso fue un mal viaje. Pero un día mi corazón de trapo sucio y remendado sintió por un momento que alguien lo sostuviera, y por ello me es menester agradecer, y agradezco por este día. Y deseo que todos los tuyos te sientas feliz, y como dicen por ahí… Que cumplas muchos años más.

martes, 27 de septiembre de 2016

Carta desde la tercera base.



Srta...

Una vez como muchas, me da gusto saludarle, algo inquieta a mi mente el hecho de saber que a su vez usted está inquieta esperando esto. Y no es para menos mencionar que eso es raro pues las cartas suelen llegar por sorpresa o a destiempo, quizá sólo hubo una vez alguien con conciencia que le llegarían albricias y letras gustosas esta noche insignificante, pero que se sabía motivo de agradecimiento, se sabía como lo festivo, como si un aniversario a su lado exigiera una oración de gratitud emulando a aquel punto del decálogo que dicta que... –debes santificar las fiestas-. Sí, así con el dedo arriba y haciendo voz de señor enojón. Y como ella sabía eso, y las consecuencias de ello, procuraba educar el festejo para desviar los sentidos de fanatismo y hacer de este posible discurso uno auténtico, uno propositivo y que dejara algo que no conquistara una noche, sino que al amanecer me hiciera seguir siendo un buen hombre.

Lo siento, en verdad lamento que jamás de los nuncas podamos pasar de una docena de palabras sin hablar de ella, quizá ello sea uno de los motivos fuertes para que seas tú quien me ayude a pretextar algún gesto de gratitud con la vida, más ahora que soy un bosque seco con forraje a expensas de una llama, que si antes consideraba a las deidades como males del espíritu, ahora son el mal en sí, una maldición del alma llamada Dios, el que es, o en mi caso... ella, quien era ella. Y como tú eres quizá la única espectadora con estómago y ojos para presenciar mis mutilaciones; con nervios firmes para mantenerse neutral, blanca, pura... Casi casta. Por ello, prefiero que esta noche seas abanderada de mis amigos, esa lluvia que me riega con la esperanza porque florezca antes del próximo verano y evitar que arda y arrase con toda vida que alguna vez haya estado en mí.

Y en verdad, después de pensarlo un buen rato, siempre te he visto pura, casi en cualquier sentido... Incluso a sabiendas de tus experiencias, tus gustos y preferencias. Incluso aún cuando fuiste la persona a quien llegué corriendo para contarle mis pecados. Ambos seguimos saludándonos como Srta. Y Srto.

Puro para ti y para mi es a ´priori, nuestro sello kantiano que siempre tendremos como si fuera la marca de la bestia, así nos lo enjuaguemos con fuego nihilista, con radiaciones de éter clásico, incluso si nos desconstruimos con postmodernismo, siempre tú y yo cederemos ante el deber, ante lo sintético, ante el silencio obligado que evita hablar de la cosa en sí. Tú y yo, siguiendo cariños paralelos, emocionándonos con emociones, admirándonos con lo admirable y corriendo por corredores, formándonos armas de muerte ya sea con artes marciales para el cuerpo o discursos para almas. Tú y yo seguimos aquí, ustedes siguen ahí, hay voluntad en el ahí.

Sé que no tendríamos que hablar de un nosotros como equipo aparte, que entre tú y yo las historias deben ser murallas, que al dormir juntos apenas podemos rosarnos los dedos, que somos tan prohibidos como Hefesto y Atenea, por lo cual ... En teoría yo debería terminar con la Zorra más guapa, jajaja.

Ay merecedora, siempre me orillas a bromear, a espantar las pasiones, no hay duda que si la filosofía es la mayor expresión de la amistad, ella es análoga a ti, tú, gran amiga. Querida cuestionante sin cuestiocamino que va cuestionando al preguntar, y que al preguntar y mirar atrás... Va bailando salsa sin ver a quien pisará.

¿Recuerdas aquel sueño que tuviste hace años? Uno que pudo habernos cambiado la historia y que estuvo a punto de lanzarnos a vivir en el mismo techo, nunca me diste detalles pero yo era tu héroe y te salvaba de no sé qué, y no me escondías tus secretos, más bien yo tan tonto que no te los preguntaba, me la pasaba hablándote y poco hice por entrevistar a la chica más enigmática de nuestra generación, esa niña que corría de los salones como luminaria de los encabezados, que causaba una intriga extraña en las mentes (en teoría) más ilustradas del país. Un espejismo para muchos, un fantasma para otros, alguien a quien perseguir para mí. Pero qué ironía de la vida, que dijera que comenzaría yo en tu cacería, que cuando te esperaba en tu salida en los pasillos  forjara amistades con los que también se quedaban afuera, que... Llegó el día que a lo lejos te admiraba, solitaria, tranquila, serena ante un suave soplo de otoño y que al decidir acercarme a ti, me sorprendías pues fuiste quizá la primera dama en confesarme que me estaba esperando, y no recuerdo para qué.

En verdad, contigo me siento como drogado, confundido y mareado, el dolor que Abraham enfrentó al estar a punto de sacrificar a su hijo tú lo contabas como si fuera un ungüento ante mis males de amores. Si Abraham es el amigo de dios, tú lo sacrificabas para hacerte amiga del hombre.

¿Qué confianza tienes en mí? Dime, porque me aplaudes en mis errores, porque reconoces mis logros, porque en los aforos buscas sentarte cerca. Ello me hace pensar que si te entiendo, entenderé lo que es la amistad. Porque resulta que me ves bello, que me entiendes bueno, que lo que detallo te parece atento. Dime cómo agradecerte, porque debo hacerlo así con mucha gente.

Amo tu sonrisa eterna, ese falso colmillo que se asoma, esa mano extrañamente larga que me queda en tus dibujos y que termino disfrazando con bolsas o arreglos, adoro tu nombre aún más largo que tu brazo y lo más genial, ese instante en que rematas mis historias y estallas a carcajadas, porque, terminé haciendo lo absurdo, a lo que tú llamas increíble, lo que yo llamo fracaso, tú le dices gesto hermoso. Y te ríes, y me miras intentando respirar normal, y con el acento más solemne derribas todos los cristales rotos para que no me corte con mi discurso y dices: -No sé porque no te ama-.

Te había dicho que te hablaría del saber, pero he dado vueltas en dudas y dudas, como si fuese un ente socrático que no sabe nada. Dime amiga, ¿Qué sabes de mí? Parece que estos años tú sabes más de mí que yo, porque levantaste los pedacitos que se me cayeron al ir tras ella, y hoy... Me los pegas en el rostro como si fueran estrellas, haces que mis heridas sean mías, pero aún más mis pequeñas alegrías, te esmeras porque esos recuerdos dolorosos los goce con orgullo... En serio, te imagino retocando mi cara como si se tratase del cielo y tu mano es la noche, y su paso es una oscuridad que revela los destellos que no se ven en el día, eres consuelo, eres la pregunta por la ganancia, la mujer que cura, la que me llama merecedor a mí.

¿Sabes?

Lo que yo te digo ahora es público, creo que ya lo sabías, siempre me preguntas lo más íntimo, lo que con otras vivo sobre o bajo las sábanas tú lo sabes, y por eso te elegí, porque muchos entenderán que si hoy puedo verte de frente preguntándome eso, es porque lo preguntaría frente a todos y todos podrían estar en tu lugar, porque te preocupas por mí como todos, porque todos se preocupan al igual que tú, de una forma especial.

Nietzsche tenía razón al decir que una persona inferior es la que llama a todos iguales, y eso me dice tu amistad tan única, que todas lo son igual de únicas, igual de especiales. Ese detalle que tuviste hace años en mi otro cumpleaños ha sido algo de lo más bonito que alguien me haya regalado. ¿Lo recuerdas? Me pediste algo valioso argumentando que lo querías mucho, que también era valioso para ti, sin embargo mi cachivache tenía una historia simple, lo tuviste y... Me lo regalaste en mi cumpleaños. Cuando lo necesité, tuve que vender algunos tesoros y tú, así como ustedes, cuidaron que no volaran tan lejos, pero esa foto apócrifa, tú la adquiriste como si se tratase de reliquia, fue tu tesoro que te rememoraba las horribles mañanas de domingo en el Beisbol, dijiste que las quemaduras en tu piel de infante te hicieron odiar esos campos de diamante, que odiabas a los diablos y sólo por eso te hiciste tigre. Pero que querías la foto, porque te acercaba a tu papá... Y ahora es el momento de la carta en que lloro.

Oh sorpresa, comprabas mi regalo de cumpleaños...

¿Cuál era mi regalo? Sólo escucharme, saber algo de mí, saber lo que me gusta, compartir mi recuerdo y hacerlo especial sólo diciendo que es especial.
Gracias amiga, por batear bien cuando hay casa llena, y batear mejor aún cuando necesito tiempo para correr y cuidando que no sea hit en contra.


Te quiero.