martes, 13 de marzo de 2012

Sobre la Astucia de Odiseo

Hablar de un griego es hablar de belleza, hablar de equilibrio, de palabras definitivas y de recuerdos constantes, es pesar el comportamiento humano en una báscula legal pero tomar como válido el peso palpado con el propio pulso, es apropiarse de cada palabra para acomodarla en el discurso propio tal como un arquitecto coloca una piedra angular; y aunque tocar el discurso griego es encontrarse con un dogma que obedece a algo cambiante, este cambio siempre va dirigido a lo que conjunta cada postura con sus opositoras mediante el razonamiento: la virtud.

Para el filósofo no será sencillo entonces dejar en su trato un espacio donde conviva la historicidad y un consiente imaginario, sin embargo la narración no se descarta como un argumento que trate al conocimiento, sino que esta narración mítica o novelesca entrará en un campo distinto, que si no es sintética, al menos es analítica porque permite analizar la veracidad de de un discurso, y el compromiso del saber está ligado principalmente con la verdad.

Homero nos relata en la Odisea los eventos ocurridos en el viaje de Odiseo a durante su partida y su regreso de Troya, situando una previa promesa de volver. Cuando Odiseo termina su viaje y llega a su hogar confronta una consecuencia no estimada por él porque le resulta ajena, esta consecuencia es la temporalidad y cómo influye en el valor que conserva su propia palabra.

Así pues, homero va a recurrir al uso de costumbres propias del momento para contextualizar un discurso donde el objetivo no es ser verdadero, sino ser creíble. Este discurso reflejará en las tradiciones griegas la separación o estrecha relación entre: el ser uno, y demostrar la identidad con uno mismo.

Antecedentes

Antes de abordar a profundidad el caso de Odiseo, es conveniente recordar el otro gran poema de Homero: La Ilíada, ya que en él observamos la importancia que el poeta concede a las presentaciones de sus personajes. Posiblemente en un afán de que sus versos se revistan de verosimilitud, Homero consume algunos de sus cantos iníciales en nombrar a los tripulantes de los bajeles que se dirigen hacia Troya. La necesidad de que todos los actores de su drama queden bien definidos, cuando menos respecto a su procedencia geográfica y genealógica, responde a uno de los principales objetivos de cantar la caída de Ilión: exaltar la identidad de los pueblos griegos.

A lo largo de toda su obra, la identidad va a ser un factor crucial en el desarrollo de los eventos, tanto en cuestiones políticas como familiares. El nombre propio y el de los padres (apellidos que cubren de honra u oprobio al portador) se repetirán constantemente para dejar en claro el por qué las de las alianzas y lealtades, ya con naciones o con dioses, pues estos últimos están completamente involucrados en las batallas de sus hijos y protegidos. Como regla general, los personajes se refieren siempre a otros utilizando el nombre del padre: “Laertída”, “Pelida”, “Príamida”, etc., Estas formulas, que terminan por sustituir el nombre del apelado, muestran con claridad la trascendencia del origen, prácticamente lo definen. Pero, ¿qué pasa cuando el personaje debe presentarse a sí mismo? ¿Qué funciones tan primordiales cumple la ceremonia de recitar la ascendencia y describir la tierra natal? Como se verá más adelante, la presentación no sólo cumple funciones descriptivas, también modifica de manera radical la interacción entre personajes.

Por ejemplo, dentro de las epopeyas de Homero, la relevancia de la presentación es tal que aún en medio de la batalla, dos hombres dispuestos a quitarse la vida se toman el tiempo de nombrar sus respectivos linajes antes de acometerse. La razón era muy sencilla: la gloria. Entre más renombrado fuera el adversario al que se derrotaba más gloria se obtenía. Incluso cundo el enemigo ya era conocido, no estaba de más repetirle una vez más la casta de la que se provenía para hacerle ver que si moría, al menos caería frente a un hombre de valor, o a manos de alguien con tenía una deuda pendiente, aunque se tratara de un pariente:

El hado poderoso llevó contra Sarpedón, igual a un dios, a Tlepólemo Heraclida, valiente y de gran estatura. Cuando ambos héroes, hijo y nieto de Zeus, que amontona las nubes, se hallaron frente a frente, Tlepólemo fue el primero en hablar y dijo:

¡Sarpedón, príncipe de los licios! ¿Qué necesidad tienes, no estando ejercitado en la guerra, de venir a temblar? Mienten cuantos afirman que eres hijo de Zeus, que lleva la égida, pues desmereces mucho de los varones engendrados en tiempos anteriores por este dios, como dicen que fue mi intrépido padre, el fornido Heracles, que resistía audazmente y tenía el ánimo de un león. (Ilíada, canto V)

Como se ve, es inconcebible pensar que uno de estos personajes negara su identidad, pues el orgullo y la ambición están siempre presentes entre sus motivaciones; no obstante, uno de los personajes de Homero escapa de esta limitante: Odiseo, hijo de Laertes, el rey fecundo en ardides, puede adquirir otras identidades para solucionar sus problemas y salir victorioso. Lejos de estar caracterizado como un tramposo o un cobarde, en el marido de Penélope se resaltan el ingenio y la astucia de un hombre sensato, en contraposición a la fuerza sobrenatural del furioso Aquiles o a la noble inocencia de Héctor.

Uno de los trucos más famosos de Odiseo nos sirve para observar plenamente esta configuración tan singular: el engaño a Polifemo. Cuando el cíclope pregunta por el nombre del héroe, éste responde:

Cíclope, ¿me preguntas mi nombre ilustre? Pues yo te lo diré abiertamente, pero dame tú el don de hospitalidad, como me has prometido. Nadie es mi nombre y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos los otros compañeros. (Odisea, canto IX)

Gracias a este engaño, el autor intelectual del caballo de Troya logra evitar que el coloso consiga auxilio, pues cuando sus compañeros preguntan por el nombre de su atacante, él responde que “nadie lo ataca”. Así es como negar su identidad retribuye a Odiseo mucho más que hablar sinceramente. Lo que queda demostrado al escapar de la cueva de Polifemo, es entonces cuando Odiseo se presenta sin encubrimientos:

¡Oh cíclope! Si alguno tal vez de los hombres mortales te pregunta quién fue el que causó tu horrorosa ceguera, le contestas que Odiseo, aquel destructor de ciudades que nació de Laertes y en Ítaca tiene sus casas. (Odisea, canto IX)

El gigante acude en seguida a su padre, Poseidón.

Escucha, Poseidón de cabellos azules que abrazas la tierra: si soy tuyo en verdad y te gozas en llamarte mi padre, haz, te ruego, que Odiseo, aquel destructor de ciudades que nació de Laertes y que tiene sus casas en Ítaca, no retorne a su hogar; y si está decretado que un día vuelva a ver a los suyos, su buena mansión y su patria, que sea tarde, en desdicha, con muerte de todos sus hombres, sobre nave extranjera; y encuéntrese allí nuevos males.

Si Odiseo se hubiera reservado la verdad, el dios no le hubiera acarreado tantas desgracias. Como queda manifiesto, Odiseo es un personaje complicado, en el que la presentación engañosa es una forma de aliviar sus penas, mientras que el camino directo (la honestidad) lo obliga a dar enormes rodeos antes de alcanzar su objetivo: Ítaca. Como decía Platón: “La mentira sólo es útil a los hombres como medicina. El uso de tales medicinas debe estar circunscrito a los médicos”.

La llegada de Odiseo a su hogar

Cuando Odiseo llega a lo que fue su casa tiempo atrás, se demuestra el primer criterio para poner en tela de juicio su identidad, es ni más ni menos su ausencia prolongada lo que deposita la mayor parte de su identidad en un concepto fuera de él, ese concepto es el recuerdo. El recuerdo en su composición contiene dos elementos a destacar, el primero es “una persona es solo idéntica a sí misma en esencia, ergo la imagen que esta persona proyecta debe coincidir con la imagen que proyecta aquello que haga referencia a esta persona”; también otro elemento del recuerdo es: “una persona ausente no crece la imagen propia previamente demostrada sin un mediador, no obstante, si se degrada por el olvido”.

De este modo partimos de dos tesis, la primera es de un carácter ontológico y apela directamente a la percepción, los hechos cometidos por un hombre son conceptualizados por quienes los atestiguan y a partir de esta conceptualización se crea una idea del individuo. La segunda ubica en un carácter temporal al concepto durante la carencia física del individuo, y lo convierte en un aspecto degradable mediante la capacidad de poder ser recordado.

Así es como Odiseo al irse permanece al mismo tiempo presente mediante su palabra y sus actos hasta ese momento, esta permanencia simbólica será colocada en tela de juicio de forma directamente proporcional con la credibilidad que mantenga su palabra ante aquellos que experimentan su ausencia, es decir: la presencia de Odiseo es constante en un consciente fuera de él, y este consciente puede mantenerla mediante un lazo de confianza, en el momento que este lazo se debilita su existencia pierde validez y gradualmente se considera como perdido.

Sin embargo aun cuando una entidad perece, no se puede negar por completo su existencia, pues los hechos cometidos permanecen en la historia dado que el pasado no puede de ningún modo cambiarse, entonces: la idea de un Odiseo permanecerá y con esta, los respectivos protocolos establecidos por la prudencia del entorno que lo rodea.

Penélope con estos protocolos no puede ser poseída más que por su esposo hasta que no se pueda demostrar su absoluta desaparición, o bien que esta sea creída de manera categórica, esto nos enfrenta a la siguiente pregunta: ¿Es verdadero aquello que se cree por consenso? La historia nos ha demostrado que un consciente colectivo se evalúa a sí mismo a partir de los hechos que puede demostrar por medio de argumentos sólidos, ya sean empíricos o racionales lo que que se considera verdadero es aquello que es posible demostrar, así mismo ante una carencia de demostración es factible que sea sometido a duda. También manejamos así otra característica inconstante: ¿qué relación tiene la identidad de una entidad con su permanencia en el tiempo? La respuesta se refleja en la confianza que un individuo deposite en las cualidades que atribuye a la entidad que conoce. Es así como Penélope debe exponer esta confianza a los otros y reforzarla únicamente con la expresión de lo capaz que considera a Odiseo para mantener su palabra de regresar.

Así Odiseo mantiene un punto estratégico a su favor: si logra mantener una confianza sólida en el pensamiento colectivo, su imagen podrá ser creíble para ser mantenida.

No obstante se enfrenta al factor temporal, entre más tiempo tarda para volver, más difícil será para él mantenerse con vida en el consiente colectivo, sobre todo partiendo de que esa colectividad es un aspecto cuantitativo de individuos, pues la mayoría es susceptible a perder esa confianza en él en contraste a Penélope, quien además de tener una mayor fe en él, desea incondicionalmente que esto ocurra.

Este deseo de su regreso se traduce en un depósito de la voluntad de Penélope en la capacidad demostrada previamente por Odiseo.

El regreso es real

Efectivamente Odiseo sobrevive a los eventos de Troya, y de manera solitaria logra regresar, Tras alcanzar Ítaca después de muchos trabajos, Odiseo tiene de nuevo frente a sí la disyuntiva de eludir la verdad o apegarse a ella; presentarse en su palacio y enfrentar a los pretendientes o engañarlos para derrotarlos y averiguar el comportamiento de su esposa. La experiencia con Polifemo no fue en vano, y gracias al consejo de Atenea, Odiseo actúa prudentemente, La diosa dice:

En tu pecho siempre hay la misma cordura. Por esto no puedo abandonarte en el dolor, porque eres discreto, sagaz y sensato. Cualquier otro que llegara después de andar errante, marcharía gustosamente a ver a sus hijos y esposa en el palacio; sólo tú no deseas conocer ni enterarte hasta que hayas puesto a prueba a tu mujer, quien permanece inconmovible en el palacio mientras las noches se le consumen entre dolores y los días entre lágrimas.

hasta aquí parece que su sola presencia debería servir para reclamar su lugar, empero es ya su figura un evento mediado por intereses, Penélope ya es pretendida por otros y el que ella acceda aun en contra de su voluntad parece factible al no haber pruebas de la vida actual de Odiseo, y en caso que este aparezca se contrapone a los intereses de un mayor número de oponentes, lo cual permite que su presencia interrumpa proyectos, por lo cual lo expone a un atentado en su contra, pues si Odiseo entra abiertamente a su ciudad, se convierte este evento en una oportunidad para desaparecerlo de manera definitiva. Odiseo consciente de ello decide actuar con prudencia y establece la estrategia de acercarse lo más posible a la aceptación pública de un modo seguro para después con mayor fortaleza ontológica se pueda hacer llamar él mismo.

Preparando el territorio

Odiseo logra acercarse a su hogar con un bajo perfil y el camuflaje de una figura que aunque no tiene poder de convencimiento, tampoco es del todo despreciable, esto le permite no representar una amenaza para sus enemigos y por consecuencia evita ataques que significarían aunque en una mínima cantidad el desperdicio de fuerzas necesarias para sus oponentes, ya que aún sin su presencia ellos establecen como adversarios al prójimo con el mismo fin, y todo su pensamiento se enfoca en la competencia para hacerse del trono y la señora de Odiseo.

Esta figura a la que recurre Odiseo para enmascararse es la de un mendigo a la cual elevará a un hombre de confianza gradualmente y marca su trayectoria conforme a sus posibilidades. El camino se traza del siguiente modo: primero hay que entrar en la casa de Penélope y acceder al puesto que representa su mayor exposición de fortaleza, una vez conseguido esto puede él revelarse como sí mismo ante los demás con mayor confianza propia, pues ya habrá fortalecido sus capacidades al acercarse a su propia imagen, imagen que al haber quedado fuera de él, tiene que ser recuperada, la estrategia entonces consiste en una cuestión territorial, hay que posicionarse en el punto donde él sea más fuerte, lo suficiente para poder enfrentar a los otros pretendientes de Penélope.

Sun Tzu en el arte de la guerra nos dice:

“El primer aspecto decisivo en un enfrentamiento es el territorio… una posición elevada tiene ventaja al estar sobre aquella que se encuentra en un punto inferior”

Efectivamente Odiseo considera posicionarse en un punto alto, la altura es una altura contemplativa desde la cual puede tener más y mejores lugares para aterrizar su ataque, el punto alto es aquel que también es alto en el aspecto argumentativo, y ese es la cercanía a la confianza de Penélope.

Otro punto a favor que con la doctrina del oriental presenta Odiseo es mencionado en el libro de estrategia del siguiente modo:

“El conocimiento de las capacidades de los involucrados es decisiva, quien desconoce al enemigo y se desconoce a sí mismo seguramente perderá, quien conoce al enemigo y se desconoce a sí mismo tiene menor posibilidad de triunfar, quien desconoce al enemigo y se conoce a sí mismo tiene mayor posibilidad de salir triunfante, y aquel que conoce al enemigo y se conoce a sí mismo tiene garantizado el éxito”

Odiseo tiene con esto un arma clave, ya que al estar sus oponentes inconscientes sobre su situación, les mantiene esa desventaja, mientras él al posicionarse en un punto clave, podrá averiguar las capacidades de los otros y completar el plan con su autoconciencia, por ello decide no hacerles saber sobre su llegada.

El escondite

Las servidoras de Penélope han encontrado a un mendigo en la casa de ella, lo que a una de ellas la guía para actuar con un protocolo de servicio, ella debe mantener un orden en la residencia y ese orden dice que no puede exponerla a riesgos de extraños, por ello decide alejar la amenaza de un posible ladrón o espía libidinoso, además a esto se anexa su propio carácter y su desprecio personal por aquellos con una situación desfavorecida con respecto a la propia. Así es narrado como Odiseo adopta la forma de un mendigo, para usar la astucia antes que la fuerza. Sabe que el mejor camino para lograr su meta es omitir pues una suma de actos que se revelan oportunamente a veces conduce a la verdad.

La esclava exige que se marche el mendigo y en este instante se consideraría un ataque frontal a la estrategia de Odiseo, lo cual él ya tiene previsto, pues como ha tratado con Atenea previamente: su fortaleza no radica en el enfrentamiento directo, sino en una tangencial. Odiseo tiene que posicionarse ventajosamente con sus únicos recursos, que en este caso será un discurso que apela a una razón que supera a la opinión de la esclava: una verdad expresada en la virtud.

La esclava tiene un deber que ha sido tergiversado por su carácter colérico propio manchado por el prejuicio.

-¡Forastero! ¿Nos importunarás todavía, andando por la casa durante la noche y espiando a las mujeres?, Vete afuera, oh mísero, y conténtate con lo que comiste, o muy pronto te echarán a tizonazos-

Pero tiene como juez al criterio de Penélope el cual ha tenido que introducir y exaltar de manera necesaria las ideas de piedad, compasión y paciencia; por ello también las aplicará en sus sentencias. Odiseo sabe sobre la presencia de esas virtudes en su esposa y expondrá su infortunio para ganar terreno en el consciente de Penélope por ello exclama:

-¡Desdichada! ¿Por qué me acometes de esta manera con ánimo irritado? … La necesidad me fuerza a ello… habité una rica morada y en multitud de ocasiones di limosna al vagabundo… Mas Zeus Cronion me arruinó, porque así lo quiso-

Cabe mencionar que en este momento Odiseo no miente, es verdadero que él fue rico anteriormente y que su situación actual si bien no le favorece no implica que no pueda apelar a las ideas básicas de conducta que promovió entre sus sirvientes, Este es de los primeros recordatorios que encontramos en esta rapsodia, y como he mencionado párrafos arriba, el fortalecimiento del recuerdo favorece a la imagen con la que él planea identificarse en su objetivo.

Penélope al reencontrarse con una figura que apela conforme a los preceptos de su esposo no duda en extenderle una oportunidad y lo acepta. En este momento el movimiento para acercase le funciona a Odiseo, y aunque aún no logra el punto deseado, ha logrado flanquear uno de sus obstáculos.

La presentación preventiva

Es aquí donde Homero expone el criterio de veracidad propio de la cultura griega a través de la etiqueta de nombrarse, Odiseo se expone como un diplomático ser que mostrará un prudente acercamiento protocolario: se presentará no como él mismo, sino como un griego confiable. La necesidad de afianzar la idea de un Odiseo viviente en los otros resulta ahora más importante que su propio reconocimiento, como ha manejado Homero hasta entonces, el Odiseo latente en la mente de Penélope es un puesto que se puede armar y acorazar mediante un narrador, es donde la palabra de Homero construye un individuo no solo en Penélope, sino en el lector en general a través de la representación que en un aspecto literario es la encarnación, el grupo de características que hacen ser a Odiseo él mismo se manifiestan en una comunión de forma y materia, Odiseo encarnará en Penélope un ser que aún sigue vivo mediante la narración y el diálogo, así el discurso de homero se divide en tres momentos: La primera premisa de credibilidad, la posibilidad de cuestionamiento y la reafirmación.

La primera premisa de verdad consta de un grupo de argumentos que al ser expuestos hacen referencia a una verdad evidente, en el caso de este diálogo se encuentra en la palabra educada de Odiseo separándolo de los mentirosos y oportunistas comunes, un individuo para separarse de un grupo debe señalar en sí mismo cualidades exclusivas, en el caso del mendigo anónimo se comienzan a apreciar la separación de este apelando a su lugar de origen y su estatus que tuvo y el ahora tiene, como he dicho anteriormente: la verdad es revelada conforme a los momentos apropiados, y hasta este instante, lo correcto es mantener un bajo perfil y omitir la identidad como Odiseo, solo se limita a exaltar cualidades bellas en Penélope para ganar un espacio más en el diálogo.

Una vez que ha accedido a una postura fiable se abre paso a una posibilidad de ser entrevistado y cuestionado partiendo de que lo que responda es digno de ser creído y por consecuencia de ser aceptado como verdadero.

La entrevista que hace Penélope tiene como primer paso el ubicar al mendigo con respecto a su esposo, Así procederá Odiseo respondiendo con la descripción del estatus que tendía su otro yo durante su viaje, describiendo vestiduras y rasgos propios del esposo.

Ante el acertado grupo de características expuestas por el mendigo se ha avanzado a una reafirmación de la veracidad en sus argumentos, situándolo en un nuevo frente más cercano a la confianza de Penélope, y a su vez se repiten los momentos para profundizar cada vez más en el objetivo que es reforzar la confianza del regreso de Odiseo y así consolidar su futura revelación como sí mismo.

La narración continúa con detalle con respecto a los compañeros de Odiseo en el viaje y los eventos ocurridos y así también el pronóstico de la llegada del señor al final del mes, como recompensa provisional Penélope compromete su amistad, que es a la vez reflejo de la alegría por renovar su esperanza y una aprobación que deja al protagonista como un individuo veraz.

La prudencia en los actos de Odiseo conforme a una revelación gradual se mantiene en el resto de la rapsodia, al pedirle a quien lo reconoce guardar la identidad hasta el momento propicio, esto es un movimiento que hace propia la situación a Odiseo y recupera el control de lo que residía en los demás, es decir, aumenta el alcance de sus actos.

Conclusiones

Homero usa el drama como recurso literario para expresar una manera gradual de manifestar la verdad, hay que mencionar que él no parte de una verdad revelada sino una verdad constante a la que el lector tiene acceso en todo momento y los personajes acceden a ella mediante discursos oportunos. El carácter de Odiseo carece de una falsedad por omisión y en su lugar encontramos un temperamento de veracidad que se desenvuelve artísticamente, es decir, emplea una técnica para pronunciarse de acuerdo a la necesidad en cada caso; ya sea para escapar por completo de un infortunio, acceder a una posición cómoda, atacar de modo certero o para acondicionar las situaciones favorables para su propio alcance.

El engaño en Odiseo es desvinculado de la falsedad y acercado a la prudencia, es decir: conforme se apela a la virtud del equilibrio es posible diluir en la temporalidad la verdad y mantener la esencia de esta. El recurso literario es reflejo de la situación dialéctica de la época, donde la diplomacia es necesaria para contener las adversidades y propiciar el orden, pues es esa la característica del pensamiento griego: que aunque el panorama luzca caótico, su proceder es apropiarse de este mediante un ordenamiento conceptual que permite separar cada elemento entre lo propio y lo ajeno, lo accesible y lo lejano, lo benéfico y lo que mantiene la ignorancia por medio del caos. El hombre puede ser virtuoso en la medida que logra capturar y apropiarse del cosmos por medio de su lenguaje ya sea hablado o actuado, es decir su propia manifestación lo delimita e identifica.

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