lunes, 26 de septiembre de 2016

Carta desde aquí... Pá la Realeza.



Con el corazón para la princesa...

Buenas noches, o días... Disculpa, no sé en qué momento lo leas pero de seguro cuando eso suceda tengas un poco tenso el ceño y los labios juntos, ya me imagino tu expresión de chica enojada a punto de romperte ante la risa, el rostro bello y serio con el que siempre me saludabas y que un instante después dibujaba una enorme sonrisa, ¿Sabes? Me encanta tu sonrisa, quizá porque me costaba algo de trabajo ocasionarla, quizá porque te la pasabas sonriendo cuando nos juntábamos, ahora estoy sonriendo.

Seguro es el saludo más absurdo que alguien te ha escrito, ponerme a hablar de risas cuando mi intención era concretar un compromiso añejo, una de nuestras Pinky Promise con el puño. Aunque te confieso que pensé que lo haríamos tirados en el sillón con un café y con Bach de fondo, pero ¿a quién engaño? Seguro terminaríamos como siempre, tirados; pero con cerveza y quizá música bailable porque... Me encanta bailar contigo y con tu sonrisa discreta, tus palabras mientras girabas y ese abrazo tuyo con el que me recordabas algunos planes; pero sigo alejado del objetivo prometido... Platicar de leyes.

Estuve pensando mucho en ti y tu compañía, aunque varias veces nos molestábamos terminabas riendo y empujándome a hacer locuras, como si fuera yo tu campeón en hablar o actuar en público. Era tu candidato, tu orador, tu guionista y hasta tu mago. Creo que siempre me terminaste haciendo sentir mejor, y recuerdo habértelo confesado; que me hacías sentir orgulloso, evitabas que sintiera vergüenza por reflexionar. Y ahí... en escenarios lejos de sobriedad me dabas una cátedra importante sobre el derecho más básico: El derecho a sentirse querido.

Y es que íbamos a tirarnos a hablar de leyes, ¿no? Sobre derecho y el estado de garantía, cosas así, algo un poco distinto a los sabores de cervezas, los costos del vino o la estética arquitectónica del cosmos, las tradiciones de occidente o las fantasías de oriente, las ironías bíblicas o las paradojas de la ciencia, del poder omnipotente del Monstruo volador de Espagueti o de la nula garantía de la misericordia del olvido, desde Roma hasta el final del mundo.

¿Sabes? Hace unos días fui a la Universidad Pontificia a unas charlas, me sentí en la meca del Ku Klux Klan. Eso porque el tema es uno muy polémico estos días: La ideología de género. No me preguntes cómo llegué ahí, eso saldrá poco a poco como todo, lo importante es que por primera vez salí de unas ponencias realmente enojado, quizá hasta triste. Había autores que se consideran autoridades en sus campos, uno es de hecho autor de libros que ocupo para algunas clases, bueno... En realidad no es muy buena la bibliografía de la Anáhuac, pero... A veces el ser profesional nos exige poder comprender a la gente boba que relaciona la psique con Dios.

Yo sé que muchas veces parto mi discurso de odio de la crueldad divina, pero esta vez intenté ser tolerante con los intolerantes, y no porque sea simpatizante de la familia gay o las posibles consecuencias del cambio de la familia nuclear, sino porque como sabes... Creo en el derecho a ser amado, y aunque no me consta por ser beneficiario alguna vez percaté que la gente se ama, y en consecuencia... vivían felices.

Ojalá pronto pueda exponerte el discurso completo con el que la psicología integral/personal y la fe se contradicen, pero por ahora mencionaré un par.

Rodrigo Guerra... Promotor de la antropología filosófica personal y destacado por su trayectoria en México y el extranjero; se atrevió a señalar que si permitimos la formación de derechos a partir de preferencias, terminaríamos legalizando cualquier barbaridad. De inmediato se me vinieron a la mente tipos gritando que legalizaran la marihuana o a las de 15, a veganos exigiendo en un futuro cercano la formalización de familias de especies múltiples, y no sé... A mi compañero del trabajo casándose con su Mustang. Pero mi costumbre problematizándola de inmediato reaccionó, dime querida Princesa... ¿La libertad de culto no es un derecho con base en preferencias?
¿Acaso no las garantías individuales están llenas de preferencias? Al menos las preferencias sexuales tienen un referente tangible, en cambio las religiosas sólo se basan en el imaginario, hasta cierto punto el derecho a creer en lo que quieras, es el derecho a ser ignorante. Pero esta gente... Me siento tan molesto, quieren descartar ideas de familia por incongruencias fisiológicas, porque un papá sin pene no es papá o una mamá con pene no es mamá, mientras que por otra parte gritan que todos somos hijos de un señor que ni siquiera tiene cuerpo.

...

Perdón por manchar con rencores nuestra charla, pero pocas personas se quedan a mi lado cuando me visita la furia, y tú... Con una sonrisa me acompañas en mi tragedia, me dices que las cosas estarán bien, me acompañas en el éxito sin estar pensando en otra parte, por el contrario te importo cuando se supone que soy importante. Gracias porque las layes en que crees son aquellas donde el amor y el perdón no es cosa extraterrenal, sino parte de la dignidad humana.

Gracias Princesa, por ser democrática, por sonreír ante los defectos, por confrontarme con coraje cuando es propio y por defenderme de mí mismo cuando soy ese monstruo agresivo reactivo.
Frankenstein hizo un monstruo ante sus ojos, pero él sólo tenía culpa por existir a causa del capricho ajeno, Ese monstruo cometió crímenes por el único deseo que tenía que era ser amado, sólo exigía un derecho intrínseco a la naturaleza de la cual partió su creación, y no lo consiguió. Tú me ayudaste a dejar de ser un monstruo.

Con completo cariño para ti... Abraham.


No hay comentarios:

Publicar un comentario