jueves, 29 de mayo de 2014

Del cajón Prohibido #2: Recuerdos sobre una Ex

Este escrito es parte de las entradas que hice en un blog que he dejado morir. Decidí rescatarla por mero ego, el otro blog tenía carácter erótico, al menos eso pretendía, y como ahora me vale mi reputación, poco a poco iré mudando los escritos a este espacio.


Esos labios rosas, su mirada cansada, su muñeca ya no se mueve como antes cuando dibujaba, eventualmente la gira para desadormecerla de pasársela en la oficina. Al final de los días que estábamos juntos ella no era sombra de lo que me dijo que quería ser, simplemente ahora tampoco lo es.

Ya no se desvela por hablar conmigo, ya no soy el que la molesta, ahora le doy su espacio y la acompaño hasta la madrugada mientras hace las cuentas del trabajo en su casa. Maldito internet, solo me enseña que está conectada, pero no me deja acariciarla ni mandarle besos como lo hacía el teléfono.
Recuerdo cuando nos conocimos, ambos vírgenes e idiotas, soñábamos con ser libres pero con compromiso. Un hijo o dos, ir de viaje, olvidar a los acosadores de la secu. Pero no, tuvimos que adaptarnos a los tontos de alrededor. Con regalos en San Valentín, con visitas y llamadas a escondidas de los padres, con mis amigos preguntándome el color de sus pezones, y yo masturbándome pensando en ella sin decirle que quería conocer su sabor.

El tiempo pasó y me confesó que ella también se tocaba pensando en mí, entonces la convencí de jugar apenas y entraba, ella sangró, también lloraba, y me adelanté, simplemente fatal. Dijo que no valía la pena y me dejó.

Fuimos a distintas universidades y conocimos otras gentes, ella se volvió una chica sexy y yo el amigo de muchas chicas, ese que no es el novio pero que amanecía en sus camas, ella tuvo a un chico bueno, intelectual y amante de la trova, vestía camisas y no se afeitaba porque era lampiño. A ella le gustaba reflejarse en sus lentes y me dijo que se casaría con él, siempre me dijo que lo amaba, pero nuestros encuentros evolucionaban, ahora la abrazaba por detrás y ella se inclinaba, buscábamos espacios solos y cada día movía la cadera más rápido.

Muchas noches tenía que escapar por la ventana para que no nos descubrieran, el chico era celoso, y sabía que ella y yo encajábamos bien. Pero era su prometido y yo el que no la llenó jamás. Pasaron los años, ella y yo en verdad disfrutábamos, nos aguantábamos todos los gritos, solo ella podía arañarme porque yo no podía dejar rastros de mí en su cuerpo, ella encontró el modo para mantener su figura para su vestido de novia a mi lado.

El chico aquel tuvo una crisis antes de la boda, no tenía dinero para pagar detalles como la limosina o la luna de miel en Zúrich, una tremenda falta, ella quizá lo hubiera entendido, pero no entendía que él sacrificara horas de verla por trabajar doble turno. La boda se canceló.

Ella no volvió a andar formalmente con nadie, tampoco me tocaba ni me dejaba dormir con ella, salía con perdedores que no podían pagar la cuenta y les pedía que le cantaran, muchos eran músicos de bares modestos, con carreras truncas o becarios en algún museo, ella ya era la coordinadora de su despacho y odiaba a los hombres que estaban sobre ella, todos la acosaban y le ofrecían la limosina o el viaje a Zúrich. Pero con ninguno movía la cadera como conmigo. Lo intentó con el de las copias, era una fantasía de jefa dominante, el chico se enamoró y ella lo veía como a un hijo. Vivía decepcionada de los hombres.

Me sentía culpable, debí dejarla gritar cuando hacíamos el amor, que sus padres nos descubrieran y su novio encontrara mis uñas marcadas en sus caderas, debió terminar a ese perdedor antes, debí robarla para que como una mujer con carácter se liberara de mí por convicción, y no que dejara escapar a un ñoño porque ya no había otra alternativa.

Ahora se hace hermana de sus conquistas, madre de quienes la admiran, y conmigo ya no duerme, solo se desvela contando sus lamentos, vive sin ilusión en la humanidad. Ya no sale a correr, ya no pinta, ya no brinca con canciones de Rock&roll, ya se pinta la boca.

Sus tobillos andan sobre talones cuando camina rumbo a la cafetería, pide un expresso para animarse y revisa las noticias, cree que la mierda somos los demás, no ve que ella es la que dobla turno para mantener el estilo de vida de una chica caprichosa, igual como lo intentó su ex.

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