martes, 29 de octubre de 2013

Trece Años

Hace 13 años…

Un 27 de octubre del año 2000 comenzó el encuentro entre ella y yo, es una historia que ya he platicado muchas veces y en su extensión prácticamente nada ha cambiado, salvo las magnitudes con respecto a las acciones propias de la edad solo podría decir que todo gira en torno a lo mismo, sigo regándola. Y así como en días recientes ella mencionó a un grupo de personas que con sus errores llenarían páginas y páginas de libros completos dedicados a eso, me sentí identificado con ellos, dado a que literalmente he llevado años y años registrados en diarios, cuentos, historietas, ensayos y cartas en que solo escribo que la situación sigue igual.
Alguna definición de inteligencia habla sobre la efectividad del pensamiento, una inteligencia mayor encuentra una solución efectiva a una problemática determinada, y si bien esto resulte utilitarista y pragmático, cuando de conservar la paz se trata, el exigir resultados no resulta nunca demasiado ambicioso, y el sentido común no podría plantear una ética donde lo más importante no sea la sana armonía con una persona a la que se ama. Y aunque los aspectos emocionales no son siempre inteligibles, es menester guardar prudencia en el comportamiento y razonar los actos sin escatimar voluntad, solo entonces podría yo afirmarme que mi sentimiento busca un bien común y no solo la satisfacción de mi capricho.

Pero estos años me ha bofeteado mostrándome que pese a intentar ser lo más congruente entre lo que digo y lo que hago, no he podido abandonar mi único deseo. Ya no estoy seguro si en este tiempo realmente dediqué a formarme en la sabiduría para acceder a una visión más aguda sobre el mundo y poder así resolver los problemas con mejores propuestas y actos, o solamente he ampliado mis conceptos para así solo decir definiciones y reflejar al mundo en un aspecto meramente analítico. De cualquier modo, las cosas siguen iguales y al parecer jamás nada las cambiará, incluso al oírla decir sus opiniones he estado convencido que todo incluso ha empeorado.
Hace años uno de los obstáculos que enfrentaba era una completa inmadurez y falta de experiencia en cualquier aspecto social, hoy después de haber pulido  ciertos comportamientos y tenido ejemplos de casos acertados, o incluso tener prácticas positivas sigo cayendo en los más sencillos errores a causa de un escaso control sobre mis emociones, sigo logrando discusiones innecesarias que se nutren de viejos rencores e invocan en ella a su vez malas experiencias mediante malos recuerdos.

Hace 13 años no solo la conocía a ella, sino que además comencé la formación de lo que ustedes han podido apreciar y que siempre presumí como la encarnación de su hombre perfecto, un ser imaginario cuya motivación era el ser mejor cada día con respecto a los principios morales que ella había establecido “apreciar las cosas por el mero hecho de ser como son” y “no rendirse jamás”. A partir de entonces la historia es conocida, desarrollé una aceptación por la diversidad de opiniones y un obstinado sentimiento contra los dogmas, así mismo tuve una fascinación por apostar por imposibles y defender causas perdidas, conductas que le llevaron a lograr una gran aceptación en el mundo pero que a su vez gradualmente me separaron de mi interés original.

Tal como sucede en las religiones que interpretan palabras de mesías difuntos, yo también creé un dogma que se alejaba de las intensiones que ella tenía para el planeta, y por el contrario, terminé esperando que ella aceptara esta ideología como una versión mejorada de lo que ella podía hacer por el mundo. Algún día me dijo que si lo único que tenía era ella, no podría ofrecerle nada nuevo, y era cierto, no podía incorporarle nuevos sentimientos a sus experiencias. No obstante apliqué mi desarrollo del modo equivocado, ella quería a una persona que partiendo de su originalidad le pudiera ofrecer caracteres complementarios a los suyos, alguien que pudiera convertirse en una compañía agradable y que pudieran mantener un desarrollo armonioso y mutuo. En cambio yo, partiendo de mi necesidad por su compañía me dediqué a buscar unos ficticios méritos que sirvieran como motivos para que ella fuera mi compañera, así pues, si no era la persona que más se acercara a su hombre ideal, al menos pensé que podría convertirme en el más digno. Pero los sentimientos y las personas no son máquinas, ni es natural condicionar correspondencias amorosas, para cuando me di cuenta de ello ya tenía tan arraigada una costumbre de reclamos y análisis de errores que dificulta cualquier estancia, descubrí la fórmula de que a mayor preocupación menor confianza.

Y es que buscar la perfección constantemente implica precisamente lo contrario a la primera regla que ella me manifestó, “apreciar las cosas por ser precisamente lo que son”.
Hoy han pasado 13 años desde que entré a un mundo amable que me ha acercado a personas destacables, interesadas por el bien común y el desarrollo del hombre como un ser humano, no uno “desanimalizado” y antinatural. En estos 13 años me cerré a destacar los logros de ese pensamiento y descuidé el vínculo de humano con positivo. Olvidé destacar que un humano no es quien se separa de la naturaleza u otras especies, sino el ser que utiliza sus capacidades físicas y mentales para convivir en armonía con el entorno dentro de su vida de hombre. Había tantos ejemplos de buenos hombres, había tantas virtudes humanas para destacar, muchas capacidades que solo el hombre poseía para ser creativo, empero en el campo de los merecimientos reduje y me uní a los que hacen pensar que los hombres somos seres de consumo.

A veces siento que los errores se pueden corregir, otras, sigo el pensamiento renacentista que dicta que no hay que enfatizar los errores sino apreciar la belleza de estos detalles en sí, hoy vivimos en una época donde se llama error a lo que no satisface un objetivo concreto, incluso el arte no se escapa de ello y se enfatiza su resultado o su propósito dejando de lado a la propia expresión.

Siento que hoy, 13 años después me he dedicado a delimitar lo que puedo ofrecer en lugar de mostrar hasta dónde puedo llegar y dejar las puertas abiertas para que ella disponga de lo que guste, siempre y cuando pueda apreciar en su más sincera expresión mis cualidades para que sepa elegir exactamente lo que necesita. Hoy después de tanto tiempo, las cosas no nos han salido como esperábamos, enfrentamos situaciones más complejas que cuando niños, y no podríamos tratarlas con el mismo temor que entonces. Por ello mi preocupación, porque aunque las cosas sigan igual de mal, sigo sin la distancia  adecuada entre corazón y cerebro como para decir un “te quiero” y que realmente pueda servir como apoyo, como vínculo agradable y equilibrio.


En este aniversario, creo no me queda más que reflexionar con respecto a las maneras en que debería estar agradeciendo llegar a este día, y replanteando el modo de ofrecer mis razonamientos, lejos de evaluar resultados palpables. Porque en el fondo mi deseo, más que besarla para encontrar la paz, es que ella pueda soñar con ese lugar donde florecen las buenas acciones. 

1 comentario:

  1. Autoanalisis, mmmm interesante pero siempre busca un guía profesional, es que es difícil sacarse el ojo para verse a si mismo, por muy sincero que quieras ser, las razones a veces están disfrazadas por formas de actuar que se escapan de nuestras manos, un beso y abrazo sin kriptonita ji, te deseo siempre lo mejor

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