lunes, 13 de septiembre de 2010

¿En verdad se terminará la amistad?

Episodio 42: Matar de verdad
Los padres de Abraham no habían muerto y Samantha aún le sonaba en el pecho, sin embargo él ya comenzaba a sentir que estaba equivocado. Los años terribles en el colegio eran historia pasada, incluso no los recordaba con plenitud, del mismo modo la idea de amor había cambiado.
La niña más guapa no resultaba la más apreciada, era otro el motivo de sonrisa por las mañanas, mejor dicho era el auténtico motivo de sonrisa. Era Sonia la persona más dulce que Abraham conociera, tenía algo que jamás había visto en su mundo: La capacidad de ver algo bueno en la gente.
Anteriormente se rodeó Abraham de personas que juzgaban a otros a partir de lo que hacían, no de lo que eran. Era curioso el nuevo concepto que crearía a partir de esto, la posibilidad de tener un valor por el simple hecho de ser.
Abraham pensó que jamás nadie lo querría hasta que hiciera algo grandioso, algo digno de admiración y envidia. Pensó incluso que si un día tuviese poder, entonces también controlaría los sentimientos de otros. Entonces el muchacho iluminó una pequeña carga de energía en su mano mientras reflexiona en su cama.
-Si quisiéramos a las cosas por lo que son, todo valdría lo mismo, y sería como si nada valiera nada- extingue la luz que hay en la mano-. Pero ella sin querer nada hace más por los demás.
El muchacho no lo sabía de modo claro, incluso si alguien se lo hubiera dicho en el instante lo hubiera negado, pero estaba por primera vez enamorado de modo sincero.

La luz del Réquiem brilla a todo en el puño del Arcángel, en su ver hay rastros de decepción y rencor, aunque él es alguien que predica el aprecio incluso del mismo mal, por un instante tiene un completo desprecio por esa persona que tiene enfrente. Y eso lo lleva a querer calmarse, sabe que su rayo no necesariamente destruirá a Arturo, tal como lo hizo con Sonia puede eliminar únicamente la posesión del sello que invade a su amigo, lo que no sabe es si al finalizar lo seguirá siendo.
-Siempre fuiste tan ingenuo- Accuma conservando un último respiro no deja de agredir a su ex compañero.
-Tendré que cerrarte la boca- Abraham a un instante de lanzar la técnica es empujado por una explosión que lo aleja.
Un fuego que ondula como cadenas crea látigos que vibran de modo violento, si no las vieran los muchachos en la tierra, dirían ambos que son caricias del infierno. Entonces ocurre lo que el paladín no tomó en cuenta: El séptimo rollo era el más fuerte y su transformación y voluntad propia se aferraría a Arturo como ningún otro rollo.
La figura del muchacho se incendia y las flamas crean un cuerpo más grande y grotesco, como si fuera un pez con cabeza humana, lentamente le brotan brazos y se logra sujetar al piso. Sus gritos son estruendosos mientras se retuerce y estira el cuello para expulsarlos. Abraham realmente se aterra por el espectáculo y aún así pretende ponerse en pie y enfrentarlo.
-Es cierto, me enfrento a Accuma- el Arcángel se cubre el rostro y genera un campo que le evita ser cortado por los látigos llameantes que se extienden rebanado las paredes.
El adefesio en que se ha convertido el joven equilibra su peso en las extremidades que tiene, y con un sonido horrendo comienza a extender el tronco, violentamente lo clava en el piso y este se cuartea mientras crece algo por debajo. Se distinguen rasgos de Arturo en la cara del monstruo, y con un sentido de alivio termina su transformación. Su vos es grave y rasposa y deja mostrar una lengua de reptil a cada instante como si saboreara el aire.
-Ssss, Abraham… Quiero decir Arcángel, te dije que el escorpión muestra las tenazas- estira Accuma su torso y hunde su tronco enterrado y cuando comienza una tremenda sacudida en el piso-. ¡No la cola!
Abraham rápidamente da un salto al percatarse que debajo de él emerge un enorme aguijón en ascenso. Lo presuroso del ataque lo hace caer mal y quedar expuesto a repeticiones que afortunadamente para él, no son acertadas.
-De modo que ahora me enfrento a algo que no es mi amigo, no tendré entonces piedad-
Abraham corre esquivando la cola que crece a sus pies y que a cada zancada que da le hace zigzaguear, pero tantos años de esquivar balas le han dado un quiebre impresionante a Abraham, para él es un trayecto cotidiano, cuando se acerca a Accuma lo suficiente, este intenta barrerlo con su brazo, pero el encapuchado da un salto para esquivarlo y subir por él, cerca del cuello prepara su ataque.

En los días que Abraham pasaba con Sonia sin decirle lo que pensaba no podían pasar mucho tiempo solos, prácticamente nunca faltaba alguien a su lado, caso contrario ocurría con Damián, prácticamente no había día en que no regresaran juntos a sus casas, la proximidad entre estas facilitaba que también por las tardes se visitaran de modo continuo. En el parque que les quedaba como punto medio una tarde platicaban.
-Quizá, deba cambiar mi objetivo- Abraham dice mientras se gira en el columpio.
-No me importa- Damián con su videojuego portátil ignora a su compañero.
-Lo de ser el gran líder, eso creo que ya no lo quiero.
-No seas tonto- interrumpe su juego-. Eso quizá sea lo único que te hace especial.
-No digas eso, sabes que soy especial, digo que no sepas de lo que soy capaz es distinto.
-Pues yo te veo como todos los demás, al inicio parecías inteligente, pero ya viéndote en acción… Digamos que me has dejado las expectativas bajas, sobre todo cuando me llegó un rumor.
-Ja, ¿rumores míos?- Abraham está acostumbrado a tantas historias que se crearon a su alrededor, desde que llegó diciendo que sería presidente, de inmediato su popularidad creció y se esparcían rumores sobre él.
-Bueno, no es exactamente tuyo, pero creo que va por el rumbo de lo que me dirás.
-Me da risa, hablas como si en verdad te anticiparas a cada uno de mis movimientos, ¿es que te la pasas vigilándome?
-Eres un estúpido, no perdería el tiempo en vigilarte, mejor me busco a una chava.
-De eso te iba a hablar, Damián, estoy enamorado.
-Ya lo sé, de Samantha.
-Este, en realidad…
-¡No me digas!, siempre si es cierto lo de la otra chava esa.
-¿Cómo, sabes lo de Sonia?
-Es tan obvio, sus amigas se dieron cuenta y me contaron eso y otras cosas, y de algo estoy seguro, mejor ni lo intentes.
-¿Por qué no?
- No te conviene, mejor deberías prepararte para ser el gran líder, ganar mucho dinero y casarte con una modelo que le haga pensar a Samantha en lo tanto que se equivocó en no elegirte.
-Sé que cuando nos conocimos te dije sobre eso y tantas tonterías, tenía planes de venganza, en realidad tenía tanto rencor en mi corazón.
-Suenas como marica.
-No seas tonto, hablo en serio- Abraham levanta los pies y se deja girar por el columpio, al terminar de dar vueltas, muestra todas las imágenes, excepto la de una persona madura-. Con Sonia aprendí que puede haber cariño de verdad, sin cosas como: hay que ser un tipo grande para que te quieran.
-¿Seguro? Ja, mejor aléjate de esa mujer, sé lo que te digo.
-Mira Damián, con ella ocurre algo que jamás me ha ocurrido con nadie, y si es como creo que es, se dará cuenta que la quiero y me daría una oportunidad, digo no soy un Adonis, pero tampoco soy tan malo.
-Mira tonto, esa vieja no te va a pelar porque a ella le gusta otro, es una chava más, y al igual que a todas les gusta el más guapo, y estás feo.
-¿Es que sabes quién le gusta?
-Sí, sí sé.
-Entonces tienes que decírmelo, que somos amigos.
-Dudo en que lo sigamos siendo si te lo digo.
-Algo que he aprendido por ella es que a la gente no se le abandona nunca, y menos si es tu amigo, ¡los amigos de verdad jamás se dejan!

Abraham está por hacer estallar a Arturo pero en su mente está esa promesa que se hizo.
-Dijiste malas palabras- Abraham ve como el aguijón rompe el piso para salir y atacarlo por la espalda, con una patada en la inmensa cabeza de Arturo le hace que este saque la lengua y lo toma por ella- . Por eso solo procede una amonestación lingüística.
Abraham jala la lengua del coloso Accuma y con ella bloquea el aguijón del mismo, después salta y observa cómo se retuerce.
-Con eso pagas como demonio, ahora es momento de que seas de nuevo hombre – prepara su ataque de réquiem en la versión para regresarlo a la normalidad-. Para que se te quite hablar así de los que te dieron su amistad.
Abraham con el brazo extendido queda petrificado y sin lanzar su ataque cuando ve látigos negros llameantes, idénticos a los del séptimo rollo aunque en versión oscura, estos rebanan la cabeza de Arturo y el resto del cuerpo, la lengua es cortada y la mitad regresa a al boca mientras la otra se queda atravesada por la punta de la cola.
Cuando se retiran los látigos el cuerpo de Arturo se cristaliza con tonos oscuros también y luego se revienta haciendo que Abraham se cubra de los fragmentos que como lluvia le causa varias cortaduras
-Ese es su castigo por ser un perdedor, no provocas a un enemigo al que no vas a aniquilar- Damián sentencia mientras aparece cerca de Abraham-. Y tú, me hiciste esperar tanto tiempo.
Abraham no puede creer que Damián haya exterminado a su amigo común, y menos con una técnica tan sanguinaria, de inmediato reconoce que jamás ha visto un rival más poderoso.

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