martes, 13 de julio de 2010

Mantasía mía.

Es medio día y a mitad del camino mi medida vista marca en el piso un maltratado papel, manchado por el movimiento en el aire, llegó a descansar momentáneamente cerca de mis pies, lo levanto mansamente mientras mi mirada periférica busca el mirar ajeno de quien lo dejó caer.
Más tarde, Mientras el transporte público me lleva de vuelta a mi casa, la memoria me evoca la hoja que guardé en el bolsillo, a la que antes de manera deseosa no quise mostrar un acto de menosprecio. Con las manos temblando la extendí en las piernas para menear la vista más o menos perdiendo la atención sobre mi término y colocándola en el embrollo que en el texto se menciona.
Meses después seguiría leyendo ese papel a manera de cuento favorito. El modo en que menciona cada momento marca en mi mente la historia de Marco y Merlina. De su breve y modesta historia inmersa en fantasía, con la moraleja del hacer menester el manejar la voluntad del mejor modo sin dejar de ser ameno, y hace mención también de la importancia de creer en algo muy filosóficamente.
Muevo la imaginación una y otra vez, a lo mejor es la misma espera por lo distinto lo que me empuja a maquilar las imágenes una y otra vez de manera majestuosa. No me importa si me tomas por morboso cuando formo en mi mente la escena de amor entre el mensajero y la madre de Merlina, pues es memorable ese montón de letras que mencionan que… En el monte ella monta una silla sin caballo ante la cara pálida del mensajero del maestre, que si no tuviese el mentón a la cara pegado, se desmantelaría al verla morder su labio mientras le muestra un poco de su muslo.
El mensajero parecía moribundo pero mía es la fantasía, en mi íntima mazmorra recreada encierro todo con papel y tinta en mano.
Hoy como todos los mañanas mastico y devoro los detalles de la escritura que nunca merma, pues esa sola hoja no es merienda comparada con las muchas que he perdido. Hojas que no están conmigo físicamente más las creo en mi mente. A partir de la única que tengo en manos, la que miro y no reparo que soy yo el personaje que al leerla y mostrar interés animo.
Pues soy yo el lector y la historia está en mi memoria, y solo muestro en mi cama como reflexión, la cambio y medito pues la hoja es semilla y la historia es mía.
Mucha será la intriga por lo que hay en ese mundo, pues ahora esta curiosidad de lo que pasa es mía.
Mi lectura de esta hoja, mi lectura y mi imaginación es al margen de la historia. Pues lo que en mi mente resuena me menciona ante la página en blanco lo que hay en mí.

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