miércoles, 21 de julio de 2010

Abraham tiene otro extraño alicín, peor se acerca al final de este relajo de prisión.

Episodio 37: Un perdedor
Abraham tiene trece años, es la fiesta de cumpleaños de Samantha a la cual ella invitó, él no sabe que aunque ella no siente atracción por él, le ha dicho a toda su familia sobre las cartas que le envía y lo tierno que llega a comportarse. Por ello mismo, la familia de la niña lo ve con cierto aprecio. Su padre lo lleva al jardín donde le presume su árbol de granadas.
El señor llevaba preparadas unas tijeras de jardinería y se extiende para cortar uno de los frutos. Granda de mayo, fuera de su temporada pero estaba en su punto esa que había sido cortada, con una sonrisa el señor la abre y coloca en la mano del pequeño, después de esto se retira.
El niño no entiende el siquiera porque le sacaban de la fiesta para darle una fruta a la que por cierto no está acostumbrado. Con un ojo achicado recorre la superficie, no repara tanto en su amarillo cubierto un poco por las partículas suspendidas de la ciudad, la mirada se enfoca y agudiza en los puntos rojos que se asoman, se aglomeran y crean una textura de conjunto manteniendo perfectamente la individualidad de cada grano. Los tonos rojizos entre cada uno de ellos, cada variante en la tonalidad es acelerada y sutil a la vez, y cada reflejo blanco en la curva de cada uno de los granillos. Todo ello le hace cerrar los ojos, la esencia del rojo se queda en su mente, pero un aroma desagradable lo exalta, abre los ojos rápidamente y es salpicada por un fluido que tiene los mismos tonos escarlata. Músculos reventando, órganos fuera de cuerpo, extremidades mutiladas y a una chica cayendo de espaldas. Todo ello le causa un shock tras el cual se dilatan sus pupilas. Solo se oye en su mente al padre de Samantha preguntándole si no se sabe comer la granada.
Él está en el embrollo de túneles y humedad del cual no ha logrado salir ni en él hallar a su protegido, las gotas que caen resuenan en seco y Abraham tiene miedo de llamar al muchacho, pues parece que al menor sonido, todo se derrumbará.
Es curioso cómo sin ninguna fuente de luz clara se puede distinguir dentro de las grutas, es como si cada roca tuviese algo que la hace visible aún en la oscuridad, incluso se puede distinguir si algo cruza corriendo entre los túneles. Y eso es lo que ocurre enfrente de Abraham.
Este detiene su paso como pasmo tras ver esa pequeña criatura que evidentemente no es Felipe, tras él brinca de un hoyo a otro otra figura, esto solo ocasiona que aumente su preocupación por el infante y sin dejar pasar un solo instante más, se despide de ese sitio a toda velocidad para adentrarse en uno de los hoyos y asomarse para encontrar a su compañero.
El haber elegido una ruta azarosamente dio frutos y Abraham se acerca al lugar donde se guarece Felipe. Sin embargo cuando este escucha algo acercarse se asusta y corre para meterse por otro agujero. Abraham al estar cerca de su fortaleza de lodo, ve algo moverse y meterse en un hoyo, pero por lo que vio antes concluye que se trata de otra extraña criatura, por ello decide tomar una dirección contraria.

Por la mente de Damián desfilan algunas imágenes: Explosiones en el espacio, planetas desconocidos, egipcios levantando majestuosas pirámides, aztecas haciendo lo mismo, a Napoleón sobre un caballo, Tanques alemanes atacando y tantas otras más. Cada vez el cambio es más rápido, son como recuerdos vivenciales, son tantas y tan rápidamente que en un inicio le causa una enorme migraña, lo suficiente para que lo derribe de rodillas.
El joven desnudo y empapado con una viscosa sustancia rojiza se toma la cabeza como si quisiera arrancársela, además de sus visiones también sus oídos parecen estar a punto de estallar pues, también escuchan los gritos de miles de personas a la vez.
Lilith lo mira contenta y un raro resplandor morado cubre su mirada, es ella quien filtra las sensaciones a Damián.
-Este es el mundo, el único que hay y esta es su historia, malestares y guerras lo sacuden una y otra vez, la gente muere a manos de la misma gente- Mientras ella coloca sentimientos de sufrimiento en el adolecente, este puede distinguir su voz-. Las escrituras dicen que es el destino del hombre, pues Él ha puesto a sus hijos en contra unos con otros.
-¿De qué me hablas?- Damián entre el dañino proceso logra preguntar.
-Él es quién es- sabe ella que con mencionarlo de ese modo es suficiente para que Damián se dé cuenta de qué le habla-. Desde el inicio de los tiempos se dijo que los hombres pelearían con sus hermanos pues unos serían favorecidos por el padre, irónicamente el pueblo se alejó y formó sus propias leyes. Cada generación con mentalidades distintas formó motivos distintos para reclamar al mundo, incluso quienes estaban a favor de la paz caían en alguna infracción; vicios, pereza y promiscuidad. Siempre han sido así los humanos, siempre han despreciado el respeto por sus superiores, a los líderes los hacen tiranos y a las deidades las toman como si fueran amistades íntimas, nos aben distinguir los niveles.
Pero… nuestro líder ha encontrado el modo de herir al culpable de esto. Con tu ayuda podremos establecer un nuevo orden.
El dolor en la cabeza de Damián cesa. El muchacho sintió cada muerte en carne propia y cada preocupación, mayor tortura jamás se había visto en la historia, el padecer todo el sufrimiento del mundo en un instante doblegaría a cualquier espíritu, lo que Lilith no sabe es que su víctima ya escapa del entendimiento de un mortal.

Abraham cuando va a emprender la huida del sitio donde estaba Felipe se resbala con algo del lodo de la barricada hecha por el niño. El desplomo es seco y certero. Abraham parece vencido, boca abajo mientras se aguanta el dolor siente que no tuviera las fuerzas para levantarse y, con un profundo sentimiento de nostalgia es invadido. Unos segundos después hace un intento por reintegrase, su ropa chorrea el agua absorbida y su cabello húmedo es pesado y deja caer líneas de agua.
-Quizá debí haber elegido el otro camino- se gira de espaldas y apuntando al techo ya que no se podría decir que lo veía-. Al gato que no escapó, ¿cómo le habría ido?
No había duda, Abraham no lograba comprender que el acto de los gatos no había ocurrido aún y no hay certeza de que un día pase. Aunque la imagen del gato que decidió escapar de su destino lo había marcado en profundidad.
Sabía entonces que el gato dejado en el hospital iba a ser cuidado pero… ¿Hasta cuándo? Seguramente el que escapó tenía el sentimiento de abandono y actuó sin pensar para no sufrir por esto. Un arrebato que sabrá quién el motivo por el que sucedió, ¿Y si al perderse entre los negocios corrió y lo atropellaron?, sería el mismo asunto -a ninguno le fue bien- pensaba en solitario. Su maestro de Karate prácticamente no hablaba con ellos, solo con Damián, por él siempre tuvo gran cercanía, pero Abraham levantando la oreja se entrometía en las conversaciones.
-No puedes andar por ahí pensando que lo que sucede a tu alrededor no te afecta- el Sensei le decía a Damián aunque este hacía una cara de que él no lo hacía-. El mundo está en completa conexión y movimiento, las fuerzas que lo controlan están observándonos y en el instante preciso nos tomarán mediante fenómenos muy marcados.
-¿Qué tipo de fenómenos Sensei?- Damián con atención cuestiona.
-Nada que no sea definitivo, como la muerte- ríe un poco el maestro-. La gente suele estar a expensas sin hacer el intento de controlar su camino, son como hojas que están volando a la deriva en el viento, actúan tan así, que ellas mismas lo dicen. Se quejan de la buena y de la mala fortuna, siendo que ellos mismos se colocan en esas condiciones para recibir su devenir sea cual sea.
Una persona que ha accedido a una vida de guerrero asume su responsabilidad de cada acontecimiento que le sucede. Incluso cuando no tienen relación aparente.
-Dígame, si en este momento cayera un rayo sobre mí y me cortara un brazo, ¿es mi culpa por estar parado aquí en este preciso momento?- Damián quiere interpretar la lección.
-Ja ja ja, creo que no me expliqué bien. No es cosa de decir es culpa de la gente o de la naturaleza, tampoco quiero que creas que los que controlan la naturaleza del rayo están esperando a ver quién se distrae para lanzarle uno. No, simplemente es algo que ocurrió y hay que aceptarlo como algo que es, y no como algo que podría o no ser.
-Lo ocurrido no puede ser de otro modo entonces- Damián ratifica lo entendido.
-Si, en otras palabras es inevitable en el momento que sucede, y la responsabilidad entra en acción cuando la persona lo acepta. Es decir, si cae el rayo y te corza el brazo no es mala suerte, eres un tullido y deberás aprender a vivir como tal.
-Ja, ¿eso no es mala suerte?
-Puedes verlo así o verlo como tu desafío.
Abraham al recordar esa palabra final reacciona. Los accidentes podrían ser eso o ser retos que una persona superaría para continuar rumbo a lo que quiere. Los gatos tuvieron un actuar distinto porque uno fue más osado que el otro, y no era un valor de arrojo simplemente. El que escapó podría haberlo hecho por que se dio cuenta de su destino y quiso huir de él, o bien podría no saber que le iría bien y se asustó del cambio. Por otro lado el otro podría no saber ni lo que le ocurría o más bien estar dispuesto a correr el riesgo de quedarse ahí en el refugio.
El no saber el final de los felinos no importa tanto, o cuál fue el que tuvo mejor vida después de ese día. Sino que uno de ellos tomó la iniciativa de alejarse o continuar. ¿Sería eso a lo que el Sensei se refería como tomar la ventura como un desafío?
-Si el cielo te da naranjas aprende a hacer naranjada- Abraham dice para sí en voz alta y un tanto entusiasmada-. Mis poderes no son una bendición o una maldición, son mi condición, así como el niño, no puedo pasármela quejándome de que sea mi compañero, puedo decidir seguir con o sin él.
Abraham le levanta rápidamente y cae en cuanta de aquello que lo hizo resbalar, se percata del cúmulo de lodo que evidentemente fue hecho por un niño y cae en cuenta que lo que vio no se trataba de otra cosa más que de Felipe.
Al mentalizar el sitio por donde este escapó, Abraham se apresura a seguirlo, es como si tuviera trazado en su mente un mapa pues en ningún momento titubea al elegir los agujeros por los que pasa o si hay algo en el piso que lo haga tropezar. Corre con tal desenvolvimiento dejándose llevar en medio de la oscuridad de las catacumbas. Así continua hasta dar con un barranco enorme de ancho e incalculable profundidad, al otro lado en un hueco encuentra a Felipe en posición fetal lamentándose.
-¡Felipe!- le grita al niño esperando no asustarlo-. Quédate quieto, iré por ti, lamento haberte confundido antes.
Abraham busca algún modo de cruzar el barranco, ya sea con algo que pueda usar de puente o un rocoso tramo por cual rodearlo, pero es inútil es demasiado liso para escalar por la orilla y no hay siquiera protuberancias para columpiarse, e intentar un salto de semejante distancia es un inevitable suicidio.
-¡Felipe!, dime cómo llegaste ahí- Abraham grita con las manos dirigiendo la voz.
-Ed en medio, ed en medio del agujero hay, ud camino, caminé, pedo tengo miedo.
Abraham no puede creer lo que dice Felipe, él no ve nada, aunque en realidad nada de esto tiene sentido, ¿podría confiar en la palabra del niño al cual evidentemente cualquier cosa lo puede confundir?, dudando incluso de lo que hará toma una pequeña piedra y la arroja sobre el barranco, entonces ocurre lo que pensaba. La piedra cae sin que nada la detenga.
-¿Este es mi compañero?- Abraham se rasca la cabeza con una expresión dudosa.

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