sábado, 20 de marzo de 2010

Segundo acto

Antecedentes
Han sido varios los intentos por formar una organización que cumpla con los objetivos de desarrollo completo del trabajador como figura que se hace de su propia existencia. Esto a partir de la defensa del trabajador como humano y no por su rol dentro de la producción de bienes, hasta la visualización del obrero como parte de una unidad llamada proletariado que logrará su autonomía a través del movimiento político.
Uno de los antecedentes de la protección del trabajo en sí, nos remite a la organización de artesanos durante la edad media a través de gremios, dichos grupos cumplen con la base del pensamiento sindical al ejercer la protección de sus integrantes y por su representatividad que excluye a cualquier persona ajena al trabajo, es decir, solo aquellos que realizan el trabajo son los indicados para entender las necesidades de los similares y así mismo asumir la responsabilidad al enunciarse en el nombre de su comunidad.
En el pensamiento del gremio el trabajo es el eje en el que se plantea la aprehensión del ser de cada parte, el dueño del medio de producción a pesar de ser el dueño, solo acuerda el modo de intercambio entre su bien adquirido por el trabajo del artesano, lo que permite que el artesano se haga dueño de sí mismo es la defensa de su persona por medio de su bienestar.
Los gremios al exigir la protección de sus integrantes desenvuelven al trabajador en sí mismo. En su formación los gremios se preocupan por asegurar que el trabajador cuente con la mantención de su integridad, a través de cuidados como el apoyo en situaciones extraordinarias en cuanto a su salud y capacidades, un gremio protege esencialmente en aspectos de carácter económico y social, consistiendo en controlar la oferta y los precios de los productos que manufacturan, pero también velando por la prosperidad de los miembros que los integran.
Para ello regulan la formación del trabajador, su actividad laboral y aprendizaje, estableciendo jerarquías, el jerarquizar dentro de los mismos trabajadores es lo que le crea una exclusividad.
Aquí el trabajo en contraste con la visión burguesa, se mantiene intacto, pues al ser el trabajador quien oferta su actividad, se hace dueño de su capacidad. Bajo esta norma la relación entre el artesano y quien lo emplea es precedida por la importancia del trabajo como tal, porque aun cuando el artesano entrega su trabajo, lo hace por un bien equivalente, por ello el artesano tiene la posibilidad de desenvolverse conforme a sus actitudes.
El trabajo a su vez es una acción que al ser manifestada de modo independiente indica que hay alguien que la efectúa, y siguiendo la propuesta cartesiana, si el trabajador hace, entonces el trabajador es. El trabajador es en la medida que él acuerda, y al autoevaluarse se hace poseedor de sí mismo.
Luego entonces la relación entre patrón y empleado es un diálogo en el que ambas partes deciden. En contraparte con el asalariado, el agremiado tiene libertad de hacer a cambio de lo que compensa su trabajo, mientras que el asalariado se entrega por una medida establecida unidireccionalmente acordada por el patrón.
Cuando se antepone el trabajo en la relación, se antepone la manifestación humana de las dos partes. Cuando se antepone la relación al trabajo, el trabajo y quien lo hace, solo son un recurso.
Esta idea es el motor de la manifestación del trabajador, abriendo la posibilidad de rebelión como el acto de revelarse, haciéndolo sinónimo de hacerse presente.
Con el paso del tiempo esta idea cambia con los movimientos obreros posteriores, por ello tomo como siguiente antecedente el movimiento de la quema de máquinas en la ilustración. Para este momento se ha precedido la relación entre jefe y empleado, el jefe opta por sustituir la mano de obra artesanal por maquinaria y operadores, el trabajo no es una manifestación de algo como fin, si no es un paso más en la producción. Es entonces que el trabajador en una lucha por hacerse presente, busca mantener el esquema anterior, su movimiento no es en búsqueda de la seguridad, si no es una queja, la queja se hace posible porque no se defiende el trabajo si no se emite la reprobación al cambio.
Para este momento el trabajo ha cambiado de significado como se ha mencionado, y el movimiento obrero es una opinión sobre el trato que recibe. Se asume que el trabajo lo hace una máquina, y el operador solo la conduce, el trabajo desaparece pues no hay quien lo haga, hay quien posee el recurso para hacer posible una producción y hay quien desaparece para convertirse en su fuerza de trabajo. Es decir, el trabajo ya es un concepto abstracto, no existe como tal, el dueño del medio de producción se hace dueño también de la fuerza de otro, tan solo de su fuerza pues quien lo hace, conceptualmente, no existe.
A partir de esta propuesta las rebeliones posteriores son solo una lucha por buscar reivindicarse como seres propios, la exigencia de mejores condiciones tiene implícito en su búsqueda por mejorar que se parte siempre en desventaja.
Las variaciones entre las luchas dependen en la revolución de acuerdo con la historia y la psicología del grupo que la realiza, dado que para este momento el proletariado ya está definido como clase oprimida, su aspiración es la búsqueda y la conquista del nivel superior. Mientras que el artesano se desarrolla con su ser emparentado a su trabajo permitiéndole su propio desarrollo en sí mismo a través de su mejora como artesano, el obrero crece definido por la tarea a realizar, ha sido racionalizado por un aspecto exterior. Él se formará para una tarea definida primeramente que él.
La clase obrera por consiguiente comienza a cambiar, no solo en el modo en que realiza su labor, si no que el estado actual requiere una organización diferente, por ello surge una nueva figura, una clase media asalariada que convive con el obrero, gente que no manufactura pero son parte del esquema de producción; administradores, burócratas, personal de mantenimiento, etc.
Esta convivencia genera un nuevo proletariado con mayores necesidades, por una parte ha desaparecido el conjunto de personas exclusivo, y se hace una sociedad inclusiva que absorbe a todo aquel que no sea dueño de los medios de producción. Por otra parte el crecimiento de las ciudades orilla a la búsqueda de mano de obra procedente de otras partes, es decir, que la ciudad hecha de la mano del campo para involucrar a su población. Estos continuos actos de inclusión dan como resultado un conjunto de nuevo proletariado con mentalidades completamente distintas, problematiza la adaptación de la gente que no estaba acostumbrada al trabajo mecánico y enfatiza el contraste entre lo urbano y lo rural.
Por ello a finales del siglo XVIII las organizaciones que surgen en Inglaterra ya no tienen como objetivo el negociar, si no la ayuda mutua, haciéndose a un lado de la visión del patrón descartando la posibilidad de diálogo.
Para este momento el movimiento obrero ha tenido dos cambios dentro de la relación entre patrón y empleado, iniciamos con el diálogo entre dos partes para pasar a la instrucción unidireccional, y después al desconocimiento de las necesidades del obrero por parte del patrón. En cambio la relación entre el obrero y su grupo se mantiene estable en su forma, más no en su visión, el grupo desarrolla en cada época una mentalidad diferente.
Mientras que en los gremios se busca el reconocimiento del trabajo, en los inicios de la industrialización el objetivo cambia a la posibilidad de revelarse, y para este momento la prioridad es la sobrevivencia.
Antes de la primera mitad del siglo XIX la crisis por la que atraviesa Francia orilla a la rebelión civil, este movimiento se fortaleció por la unión del proletariado buscando el cambio político, después de la revolución francesa, el proletariado se enfrenta a la concientización de clase y al definirse como tal, el modo de organización de los movimientos obreros también buscará cambiar su mentalidad, pero es hasta el tercer tercio del siglo cuando los sindicatos se forman como tales.
Este nuevo modelo de organización obrero adquiere conciencia política, minimiza la idea de auto ayudarse, y se enfatiza en la afiliación de trabajadores en común, la organización tiene como fin el crecimiento en su población para una vez más poder exigir y hacerse presente.
Al cambiar las cabezas, cambian los objetivos, las corrientes socialistas y anarquistas perfilan el pensamiento sindicalista a la resolución de problemas inmediatos, así como la democratización y liberación. Cada sindicato adoptará una mentalidad distinta aunque el objetivo es el mismo, la lucha por el presente.

Los sindicatos retoman la exigencia de la dignificación del trabajo ante el patrón, las influencias políticas los convierten en organismos de representación, por ello se restablece las relaciones. El patrón ya no se relaciona con el empleado de modo directo, si no a través de su voz en el sindicato, el obrero no se relaciona con el sindicato, se manifiesta en él, así pues el sindicato pasa a ser el eje de la relación, más no se retoma la importancia por el trabajo.
Como menciono antes, se busca dignificar al trabajo asumiendo que este no se encuentra en ese estado, aunque la relevancia y éxito del movimiento dependerá ahora de la capacidad política más que del trabajo en sí.
Al ser el sindicato la representación del trabajador, lo continua manteniendo en su figura abstracta, no existe el trabajador como individuo, o bien, es una parte más del proletariado o un beneficiario de la defensa de sus necesidades, esto será establecido por el diálogo que se tenga en ese momento con el patrón o bien con el actual estado. La figura del sindicato traspasará la economía para hacerse presente como entidad política, y la acción de trabajar, será un mero trámite.

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