jueves, 15 de mayo de 2014

Momentos del Profe Abraham… #1 La naranja.


Aún recuerdo el día en que logré uno de mis sueños, dar clases, y además tal como quería comenzar mi proyecto de vida profesional: dando clases en la secundaria donde estudié. Sé que para muchos la docencia es sinónimo de fracaso en sus respectivas carreras, como si al no haber plazas para ejercer nuestro oficio fuera consuelo de tontos el quedarse en un aula dando una materia que no explota al 100 nuestras habilidades profesionales, y peor aún; terminar dando clases a niños que no entienden en lo más mínimo la lógica simbólica, relevancia de la ética, ontología, metafísica, filosofía de la ciencia, teología, etc. Pero yo quería hacerlo, quiero aún llegar a ser una eminencia en la más grande universidad,  pero quiero hacerlo desde abajo, no como compañeros lambiscones que a falta de mérito deciden entregarse a la política y lambisconería para hacerse adjuntos que arañan por poder, esperando a que muera el mentor para tomar su sitio, y no es que todos los adjuntos de mi generación lo hayan hecho así, muchos en realidad son chicos destacados, empero varios otros empañan ese camino.

Cuando pensé en cómo llegar a ser un gran profesor y escritor, lo primero que pensé era que debía reafirmar mis creencias o autocorregirme, antes de enseñar algo debía estar seguro que fuese auténtico y sobre todo: verdadero. Decidí entonces lo contrario a los villanos tradicionales, ellos olvidan quienes son, de donde vienen y se reinventan con morales renovadas y usualmente absolutas, los villanos saben su pasado fracasado y pretenden trascender cambiando al mundo radicalmente. Yo no podía caer en ese error, debía recordar de donde vengo y a la gente que me ha ayudado a llegar hasta donde he logrado, por eso decidí recorrer el mismo camino reconstruyendo los puentes caídos, demostrándome que si volvía a vivir lo haría del mismo modo, por eso dije: -quiero comenzar dando clases ahí.

No tenía un año que había recomendado a un buen amigo en esa escuela como profesor de música, rápidamente él se ganó la confianza de los dueños y la amistad del otrora profesor de historia, un joven de nuestra edad que daba la materia por la que yo había luchado alcanzar sin éxito. Entonces mi amigo me presentó al profesor de historia, era mi cumpleaños y nos fuimos de fiesta, yo deseaba en realidad ir con la mujer a la que quiero pero parecía que mi historia exigía que tuviese esa invitación accidental y me perdiera de mi objetivo prioritario. Fuimos a una modesta taberna a beber cerveza, dicen que los buenos tratos se cierran en las cantinas y así pareció coincidir, bebimos y se nos unieron dos personajes más a la celebración: mi mejor amigo y una fémina que nació en el mismo instante que yo. Menciono esto porque me resulta curioso que en los momentos que mi vida toma un giro determinante están presentes los mismos elementos: un deseo, mi historia pasada, una persona que me conoce a la perfección y una persona cuya probabilidad de conocerla es casi nula.

El Ex del puesto que quería quedó satisfecho con conocerme y decidió por su cuenta y sin intermediarios conocerme más a fondo, poco a poco frecuentamos vernos y se hizo una amistad, en pocos meses él, mi amigo, otro profesor joven y yo terminamos formando un grupo de amigos que frecuentábamos el bar que quedaba exactamente entre la secundaria donde trabajaban y mi casa, todos los martes íbamos y platicábamos de diversos temas.

Comenzó el año 2011, ya había pasado la fiebre bicentenaria y yo con 25 años no me perdonaba el no trabajar en algo que apelara a mis años de estudio, trabajaba en el negocio familiar bajo las órdenes de mi madre y la mujer a quien quería ya estaba en titulada y en una empresa seria. Me sentía deprimido y a esto se sumó que comencé a tener conflictos laborales con mi madre, un día me dijo como amenaza que si renunciaba no encontraría empleo fácilmente, yo levanté el teléfono e hice una llamada a un amigo que estaba en una empresa de medios, de inmediato me consiguió el empleo, tan pronto como me sentí levemente exitoso por emanciparme, tan pronto me atreví a renunciar a mi seguridad, los profesores tocaron a mi puerta, mi ahora amigo profe de historia consiguió un empleo en una secu más grande y había pedido explícitamente que su puesto fuera cubierto por mí.

Aunque mi otro amigo músico también intervino, y otros conocidos apoyaron la propuesta del de historia, el hecho que fuera él quien me señalara como su sucesor me llenaba de cierto orgullo, cuando me ratificaron como el elegido no pude sentirme más contento, ya no era un comerciante informal ni un desempleado, ni un Godinez, era un profesor, ya no trabajaría vendiendo mi trabajo o promoviendo el consumo de algo en que no creyera, al fin lo único importante era mi conocimiento y mis virtudes, al fin tenía en mis manos el poder si no de cambiar el mundo, si de forjarle los mejores hombres y mujeres futuros posibles.

Cuando el dueño del colegio marcó a mi casa al final de semana santa no había leído mi CV, no había buscado al sucesos del otro profe, y yo al no saber si me contratarían no había preparado una clase, aún así me dijo que me presentara al día siguiente, me llené de pánico al saber que en menos de 20 horas estaría frente a un grupo de niños y no sabía qué les enseñaría. Tomé el transporte público para ir a casa del Ex y él me entregó mis primeros materiales: libros de texto, una planificación y una lista de los alumnos problemáticos. Después de ello tomé de nuevo el público y me fui a visitar al músico, mi ahora compañero vivía en el centro de la ciudad y es ahí donde el zócalo se convirtió en el primer escenario de mi otro primer día de clases, mientras la noche anterior a ello, el depa de mi amigo tuvo un ataque de chinches que no nos dejaron dormir y nos amanecimos fumigando, al día siguiente con muchas prisas y accidentados llegamos a las carreras a la escuela, apenas me había dado un baño con agua fría y mi saco no tenía coderas, entré a la dirección para entregar mis papeles y ¡zaz! Me mandaron a dar clase a primer año, así sin entrevista ni nada.

Soy fan de los Simpson, y pensé inmortalizar mi primera clase con una cita de ellos, una frase que dice precisamente Homero cuando él da una clase por vez primera…

-La geografía es como una naranja…-

Aunque él lo dice acerca de las relaciones matrimoniales, yo lo adapté a mi propio tema, después de decir eso no podía decir que tenía una suave piel ni comerme desesperado su dulce pulpa, los niños no entendieron en absoluto lo que dije y olvidé incluso mi nombre, estaba perdido, no sabía qué hacer como profesor.

Para suerte mía la tierra tiene forma de naranja, y también tiene líneas imaginarias que coinciden con los gajos de la fruta, y después de unos segundos pude retomar la clase de Geografía, porque al dar Historia el paquete la incluía. Después de mi pequeño lapsus comencé a dar el material que había preparado y las clases posteriores fueron más ligeras, cada día fue mejorando mi desempeño y aunque terminé ese primer curso con muchos errores, logré prepararme para los años venideros.
La experiencia de la naranja me marcó, el dar una materia que no era mi fuerte también, por eso ahora tengo una tradición para las primeras clases del año en el grupo de geografía, les llevo naranjas a todos los alumnos, después de repartirlas les explico la curiosa forma de la tierra y que la geografía es como una naranja, algo a lo que no debemos temer, como un tema que no conocemos y que vamos a aprender, como una nueva experiencia. Simplemente hay que tomarla y estudiarla, manipularla, abrirla, e incluso probarla. Hoy estoy orgulloso que mis alumnos en una sola clase comprenden que es un paralelo, un meridiano y cuál trópico es de cáncer y cuál de Capricornio.






No hay comentarios:

Publicar un comentario