martes, 13 de marzo de 2012

Pensamiento filosófico de Miguel Hidalgo

Al mencionar el nombre de Miguel Hidalgo siendo mexicano es poco aceptable el no verlo como a un padre, y no me refiero a únicamente como el padre de la patria, sino como el grado que obtuvo como religioso, al mencionarlo es inevitable la mayoría de veces el hacerlo como “el cura Hidalgo” conjuntando así en una coincidencia conceptual la idea de que es una persona entregada a Dios y a la vez un noble que tiene como encomienda el cuidado de armas y caballos. Con una vista superficial también se remonta a la idea de un valeroso caballero que lucha contra la injusticia, tal como lo fuese el famoso hidalgo Don quijote de la Mancha.

Nuestro Hidalgo no solo es recordado por su devoción definitiva que lo llevó a convertirse en el artífice de una revuelta que derivó en la revolución auténtica por la que una lugar dejaría de ser un sitio dependiente de un reino para emprender el ascenso a una patria, no es recordado simplemente, pues esto lo reduciría a un personaje más que con cualidades específicas solo es partícipe de un movimiento en la medida en que este movimiento continuara. No, a diferencia de un recuerdo que se mantiene estático o que depende de otros conceptos ajenos a él, este protagonista mantiene una memoria en otros que crece incluso después de su ausencia, es su biografía un retrato entre varios más, a la vez que no tiene un solo retrato sino varios tanto como ángulos lo puedan retratar. Su permanencia es creciente, y aunque se alimenta de testimonios cada uno de sus actos no se quedaron inmóviles sino que con el tiempo continuaron en desarrollo, así cada ángulo del que es visto se ha enfocado al mismo punto y esto permite reafirmar que tiene una figura que no se deja corromper con el paso del tiempo, tiene una limpia imagen que logró mantener por la congruencia entre sus pensamientos y sus acciones.

Así don Miguel Hidalgo también logra convertirse en el primer pensador mexicano, y no por ser el primer hombre de criterio nacido en un país así nombrado, de hecho se adelanta a este evento y a su tiempo, pues es precisamente su carácter el que da forma a lo que con el tiempo formará lo mexicano, efectivamente, tal como un progenitor siembra la semilla de un infante, el padre de la patria hereda sus características no a su creación, sino al resultado de su comunión con la potencial patria que lo rodeaba.

Al mismo tiempo que toma un papel en la historia como líder, con el tiempo se convertirá en un vocero, llevando así a la praxis por completo su intelecto.

Genio y figura hasta la autonomía

Cuando comenzamos a separar al sacerdote de la universidad de San Nicolás elaboramos un acto de identificación, nombrando las características fundamentales del pensamiento que va a ir forjando, y lo vamos alejando de un grueso de compañeros al momento en que este se muestra con un método singular, pues en el campo de la fe es poco usual encontrarnos con un interés por cuestionarlo desde adentro con ideas venidas de fuera e incluso con cuestionamientos al ver las incongruencias propias.

Su espíritu intelectual es antes que el de un religioso, el de un filósofo, esto es marcado en su decisión al anteponer un compromiso antes que con Dios con la verdad, así venga esta verdad del todo poderoso o de los hombres ilustrados de la época.

En su Disertación sobre el verdadero método de estudiar la teología escolástica comienza precisamente por señalar el aspecto intelectual en el que se estanca la teología de su época, mencionando que aunque se han propuesto nuevos métodos para su enseñanza, estos métodos no cambian ni agregan más a la comprensión pues son viciados por una satisfactoria pero apática tradición.

¿por qué hemos de ir nosotros por donde van y no por donde se ha de ir? Ciertamente que no hallo mayor razón para que se tenga por insensato el que no da crédito a los náuticos en las materias de su arte, y no se juzgue del mismo modo del que lo niega a los Teólogos cuando se trata de Teología.

Cabe resaltar con esta cita que Don Miguel es un hombre que considera el conocimiento multidisciplinario, ergo delimitará funciones, así como la verdad es un aspecto a tratar de la teología, las cuestiones del actuar van a requerir de una formación en la técnica adecuada, es decir: centralizar la mayoría de las propiedades a un solo enfoque termina por degradar los principios al no desarrollarlos en sus respectivas categorías.

Del mismo modo también exalta la necesidad de una conciencia histórica que permita un acercamiento lo más verás y objetivo posible, criticará la introducción de posturas filosóficas herejes[1] a la ciencia revelada tal como lo es la fundamentación sobre el trabajo de Aristóteles que Tomás de Aquino promovió. A su juicio esta inclusión es un acto de conciliación con posturas externas para promover la aceptación de los grupos opositores, con ello no solo se vicia el estudio teológico, sino que además existe una pérdida de dirección de los objetivos auténticos de la teología y a la vez una pérdida de tiempo en cuestiones irresolubles o cíclicas.

El pensamiento teológico no puede apoyarse más que en su esencia propia, es menester revisar la fuente directa para así desarrollarla y acrecentarla, es utilizar los recursos propios de un modo sintético, dado que al recurrir a la postura externa solo se logra traducir lo ya comprendido en un lenguaje ajeno, que aunque sea válido en un carácter analítico, no se progresará más allá de lo que ya se ha trabajado sin recurrir a las filosofías ajenas.

¿Cómo nos certificaremos del consentimiento unánime de los Padres, si ni aun sabemos quiénes son los Santos Padres? Lo mismo digo en orden a las Tradiciones de que son fieles depositarios. Si no consultamos sus escritos, ¿Cómo conoceremos las Tradiciones apostólicas? Nos veremos siempre expuestos a mil errores y a confundir la Divina Palabra con las fábulas y ficciones de los hombres.

Si relacionamos la objetividad del cura con lo que llamamos convicción, no nos ha de sorprender que logre reconocer las fallas del sistema que lo rodea, pues al alcanzar una autoconciencia, inevitablemente esta se extenderá sobre las cuestiones humanas más puras, será su tratado uno sensible a las necesidades que le parecerán evidentes en la condición humana, y eso precisamente facilitará que señale las fallas expuestas como injusticia en su futuro labor social.

Su necesidad de conciencia histórica va a promover que los hechos sean ubicados de modo certero, causando así que se reconozcan virtudes y defectos de modo sincero, evitando así la tangencialidad de un mero sistema discursivo donde el argumento fuerte se debilita y el débil se fortalece y que a la larga provoca conductas sofistas que lejos de apelar a la razón se basan en el convencimiento, y que por consecuencia se perfilen a un estado de mediocre comodidad satisfactoria. Gradualmente una postura cíclica permitirá el olvido de logros importantes, y dejará de lado el porqué de la necesidad tanto de reformas como de acuerdos, provocando huecos que aunque aparentemente logran un bienestar, ocultan sus carencias e imperfecciones, siendo el punto de partida para el crecimiento del descontento conceptual y la ignorancia.

Sin el auxilio de la Cronología no pueden los Teólogos explicar la sucesión de los Obispos, de los Pontífices Romanos ni de los Emperadores así orientales como occidentales, ni pueden tampoco asignar el principio de las persecuciones de la Iglesia, ni el año en que se celebraron los Concilios, ni el siglo en que se levantó talo tal herejía, talo tal cisma; y así, caen, frecuentemente en torpísimos anacronismos, colocando en el tiempo de Nerón lo que sucedió en el de Diocieciano, y otros muchos a este modo, que a más de la culpable ignorancia, sirven de obstáculos para entender muchos pasajes.

El motivo de la disertación es entonces el acuñar una herramienta para la útil explotación del conocimiento religioso y a su vez ordenar los conceptos para evitar el caos, por ello insiste en un sentido progresista al decir:

Gastaría yo el tiempo inútilmente si me ocupara ahora en persuadir que se debe estudiar la Teología Escolástica. Estamos en una parte donde probar esto sería lo mismo que llevar leños a las selvas; y así, sólo expondré el significado de este nombre Escolástica, y diré en qué sentido la prueban los hombres de juicio y de qué modo puede ser útil a la Iglesia.

No solo de fe vive el Hombre

Hidalgo no era una persona que viviría enclaustrado en un monasterio o en la biblioteca de la universidad, sino que además de su actividad docente se relacionaría íntimamente con el pueblo, con los indígenas y con criollos ilustrados de la naciente clase media americana, siendo por ello valorado como una persona que destacaba por la empatía con sus cercanos, además siempre se mantuvo con un perfil humilde, así lo describe Gabriel Méndez Plancarte:

“Hidalgo fue hombre, y hombre grande, frente al misterio del hombre se embotan la risa y el llanto, y es estéril el odio: solo la inteligencia - fina arma luminosa y aguda-, corroborada por la com-pasión o sym-pathía es capaz de penetrar y esclarecer el enigma”

Su percepción no se reduciría únicamente a los aspectos académicos, sino como un intelectual emprendedor también participaría en su entorno inmediato, es así como proyectará en el exterior sus ideas progresistas partiendo que todos los humanos tienen derecho a mejorar sus condiciones de vida. Ejemplo de esto es la enseñanza a los campesinos para mejorar sus modos de producción, la introducción del olivo a los cultivos locales, así mismo instruiría a varios de sus seguidores en artes de carpintería y herrería, factores que le favorecerías posteriormente porque facilitaba la producción de sus propias armas en el movimiento revolucionario.

Tan cercana era la posición de Hidalgo con un pueblo con una identidad distinta a la del español o a la de cualquier otro en el mundo que supo distinguir sus rasgos propios y del mismo modo que encontró incongruencias como las que expone en sus disertaciones dentro de su propia formación, también encuentra los defectos de un sistema político que no solo retrasaba algún progreso, sino que condenaba en carne viva a grupos menos favorecidos y esto lo consideraba una injusticia[2].

En su mentalidad propia él contemplaba la idea de tiranicidio lo cual corrige una creencia superficial en la que su espíritu rebelde correspondía solamente a las influencias ilustradas de la época, llevando su carta principal a la Escolástica[3] y coincidiendo con el argumento que también usaría Jacobo de Villaurrutia:

“la autoridad proviene de Dios, pero es dada a través del pueblo”

Y como prosigue Santo Tomás, también lo hará hidalgo al coincidir en el aspecto que un Hombre aún siendo autoridad es no merecedor de esta, llamando así derecho de autoridad al sustento al sustento para el reconocimiento de un gobernante, criticando y separando el modo en que la autoridad es adquirida y en el que es usada.

Primero señalaré el aspecto de la autoridad en tanto que es usada, Hidalgo vive en un instante donde comparte espacio con esclavos, aspecto que se contrapone a lo que menciona Mateo en el 17,26 “sin embargo los hijos son libres”, siendo esta una propuesta contraria al esclavismo, pues aunque alguien que obedece a la autoridad tiene un deber adquirido, ese deber lo cumple en forma servil, no como propiedad, este tipo de argumentos son los que coinciden con las ideas ilustradas de la época.

Tras el cautiverio de Fernando VII es inevitable para Don Miguel retomar la teoría del tiranicidio con respecto al modo en que la autoridad es adquirida, pues al ser esta tomada de modo violento ya lleva una gran carga de ilegitimidad, pues no es una autoridad dada por Dios ni a través del pueblo. Aunado a esto tenemos que si el pueblo lo desea puede remover a esta autoridad. Así se genera su primera propuesta personal en contra del gobierno francés.

Del dicho al Hecho…

Hasta este momento somos testigos del modo en que El Padre de la Patria se va formando con un carácter liberador a través de su desarrollo en el siguiente orden:

- Es una persona disciplinada, culta y con una inteligencia privilegiada.

- Mantiene una relación fuerte con sus cercanos y genera seguidores, es líder.

- Logra señalas errores auténticos aún dentro de su propia doctrina.

- Es testigo de desigualdades e injusticias por parte de aspectos tiránicos del gobierno en contra de indígenas y en contra de criollos.

- Cree prudente que el pueblo cambie a su gobernante con base en la teoría del tiranicidio

Y con un grupo de intelectuales y políticos criollos ilustrados comienza a planear un movimiento liberador para revelarse al gobierno que se ha dejado someter por Napoleón.

Es aquí donde Hidalgo realiza el mayor cambio en su postura intelectual, pues ya no es su pensamiento él el que encausa su propio movimiento, ya no es causa sino efecto. Al momento en que hace el llamado a las armas ha perdido la proyección de sus propios ideales y se convierte en “la voz común de la nación”, al pasar a la praxis él deja de ser artífice y se convierte en vocero, quienes ahora buscan la soberanía efectiva ahora es el pueblo, dado que gradualmente el pensamiento de Hidalgo se va tornando en un pensamiento más popular, ya no establece él los criterios, solo encausa con su criterio la demanda social. Aún cuando el cura no tenía una intención pro-independencia sino pro-libertad al inicio del movimiento armado, va a cambiar su sentir por el sentir de la comunidad. Como escribe a Riaño desde Celaya poco después de iniciado el movimiento:

“La dependencia de la península durante trescientos años ha sido la situación más humillante en que se ha abusado del caudal de los mexicanos con la mayor injusticia”[4]

Bibliografía

De la Torre Villar Ernesto, La inteligencia leberadora Ezbosos y escorzos de Don Miguel Hidalgo, México, UNAM 2004.

Méndez Plancarte Gabriel, Hidalgo reformador intelectual, México, UNAM, 2004

Arreola Cortes Raúl, Historia del colegio de San Nicolas, México,Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2ª edición, 1991

Documentos de la guerra de independencia, México, SEP, 1945



[1] Hidalgo sostendrá que el pensamiento aristotélico se adoptaba por su simpatía en Francia, si otro autor hubiera tenido la misma popularidad su sistema habría sido incorporado y se le hubiera dado autoridad, así hubiera sido Pitágoras, Leucipo o Anaxágoras, se hubiera abrasado igualmente al número, el átomo o la homoeomería tal como sucede con los aspectos sustanciales y accidentales. Se trataba de un movimiento prudente más no auténtico.

[2] Desde sus disertaciones se aprecia como mantiene un compromiso con la verdad y no con la autoridad, reconoce que esta puede sucumbir a fines cómodos pero falsos, es un momento en que la escolástica le ayuda a concientalizarse al respecto de un Tirano

[3] Cuestión del tiranicidio, Sentencia II, Distinción 44, artículo 2

[4] Carta a Riaño desde Celaya, del 21 de septiembre de 1910 en Documentos de la guerra de independencia, SEP, México, 1945, P. 11

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